Un juego de cuchara, pala y tenedor en madera de haya para cocinar, que hará las delicias de cualquier cocinillas adicto a...
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Con los problemas de vivienda que estamos sufriendo en nuestro país y lo “fácil” que es prepararse una casa en otros lugares del mundo. Y si no para ejemplo este llamativo iglú que se construyó el ingeniero neozelandés Daniel Gray. Pero en este caso no ha sido por falta de un sitio para vivir, sino que tras viajar a Canadá, concretamente a Edmonton y pasar cinco semanas de vacaciones con la familia de su novia, para mantenerlo ocupado y tal vez probar su determinación al trabajo, su futura suegra pensó que podía proponerle la construcción de este multicolor iglú durante la estancia en su ciudad.
Lo cierto es que esta trama ya se había urdido meses atrás cuando la suegra comenzó a recoger tetrabrik de leche usados. Tras juntar más de 300 cartones de leche comenzaron a rellenarlos y posteriormente congelarlos de agua coloreada, elaborando así vistosos ladrillos de colores.
Cinco días tardaron en acabar el iglú trabajando a temperaturas de 25 grados bajo cero, lo que en un principio parecía un trabajo fácil se convirtió en tedioso a medida que la construcción iba creciendo. El problema se solventó cuando aplicaron el sistema de construcción snowcrete, es decir unieron los ladrillos de hielo con una especie de mortero formado por agua y nieve. Tras más de 150 horas y 500 ladrillos los resultados de la construcción fueron bastante impresionantes.
La verdad es que tanto de día con su variedad de colores, como de noche cuando tenía iluminación interior, el iglú llamaba la atención no solo a su creador, que se lo tomo a parte de como un reto como una obra de reciclaje en toda regla, sino también al resto de la gente que se acercó a admirarlo. Si deseáis ver la secuencia completa de fotos de su construcción tomada por sus orgullosos dueños podéis verla en un álbum producido por ellos mismos.
Vía | Ecologismos
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Poco a poco vamos dejando atrás las vacaciones navideñas y las recetas típicas de esa época para cocinar otros platos. Como cada lunes, os traemos un resumen del menú semanal que durante estos últimos días os hemos ofrecido en Directo al Paladar, además de las interesantes entradas sobre otros temas que hemos preparado para vosotros.
Empiezo mi repaso con tres estupendos aperitivos, tortos de maíz, alcachofas y foie a la sal. Continúo con un original arroz con pulpo y algas wakame y con dos recetas de pescado: calamares con olivas negras y mousse de atún y anchoas.
Las carnes también han estado presentes esta semana, concretamente en una receta de albóndigas en salsa y un cerdo con mostaza y manzanas caramelizadas. Además hemos amasado una estupenda pizza de pulpo a feira. Y os hemos explicado cómo hacer crema dulce de castañas.
Ya sabéis que en Directo al Paladar los postres y dulces son nuestra perdición, por eso no faltan nunca en nuestra mesa ¿A quién no le apetece un esponjoso bizcocho para merendar? Por eso os proponemos uno de galletas de jengibre y turrón de chocolate y otro marmolado con nutella. Pero además hemos horneado una tarta de manzana y tartaletas de uva y crema.
En el apartado libros hemos tenido una semana prolífica, nuestras propuestas han sido Repostería de Christophe Felder, Mi cocina fácil de Gordon Ramsay y Cocineros sin estrella. La salud también nos parece importante, por eso os hemos explicado cómo los alimentos cuidan la salud de nuestra boca y que el autismo puede tratarse con una dieta sin gluten ni caseína.
Para los que coméis fuera de casa, os interesarán estos consejos sobre cómo elaborar un menú equilibrado para comer fuera de casa. Y si vivís en Madrid o tenéis posibilidad de acudir, está a punto de empezar Gastrofestival 2013.
Además, os hemos informado de que el chef Rodigro de la Calle estrena nueva programa. Hemos presentado una cerveza con sabor a pizza, un tenedor que ayuda a mantener la línea, unos preciosos delantales y el instagram para cocinillas. También os hemos traído las tres ginebras premium estadounidenses.
Si os cuesta dejar atrás la Navidad, disfrutaréis leyendo las tradiciones murcianas y la cocina suiza para esas fechas. Y en cuanto a ingredientes, hemos tratado los tipos de espesantes culinarios y planteado si es seguro comerse un yogur caducado. Por último, hemos tratado animales salvajes en el supermercado y un iglú de cartones de leche.
Hasta aquí el menú semanal de este lunes. Espero que tanto para recordar nuestras entradas como para descubrirlas, si os habéis perdido alguna, os haya gustado. Os espero dentro de siete días para un nuevo paseo por nuestras publicaciones.
En Directo al Paladar | Menú semanal del 31 de diciembre al 6 de enero
El verano pasado, de vacaciones en uno de esos hoteles de playa pensados para extranjeros, me aficioné al English breakfast, con su bacon, sus huevos revueltos, sus salchichas… y como no, las baked beans, imprescindibles en un buen desayuno inglés, por muy extraño que resulte meterse unas alubias en el cuerpo a primera hora de la mañana.
A lo largo de esa semana le fui cogiendo cariño a esas pequeñas alubias con salsa de tomate, y no voy a negar que cuando volví a casa echaba de menos su sabor dulzón y su indescriptible textura. Las busqué en los supermercados de mi barrio y, al no encontrarlas, hice un esfuerzo por superar mi adicción. Hasta el sábado pasado, que de visita en mi pueblo, en el interior de Alicante, me las encontré en una estantería del supermercado junto con la fabada asturiana.
El origen de este plato, como suele ocurrir, es incierto. Las alubias empleadas son originarias de Norteamérica, y llegaron a Italia por primera vez en 1528. Con el tiempo fueron extendiéndose por Europa a través de Francia, y de ahí a las Islas Británicas, donde el estofado de judías era bastante habitual.
Sin embargo, la receta original proviene de Maine, al noreste de Estados Unidos, donde los colonos horneaban las alubias en cazuelas de barro cubiertas de tierra y brasas, de ahí el adjetivo baked, que significa horneadas, y así se siguen llamando a pesar de que actualmente se hacen estofadas.
Las alubias fueron una de las primeras comidas en enlatarse, y las latas de alubias con cerdo y tomate formaban parte del suministro de guerra durante la Guerra Civil Americana en la década de 1860. Sin embargo, no fue hasta 1886 que las alubias con salsa de tomate (ya sin cerdo) llegaran a Inglaterra.
Curiosamente, lo que ahora se considera un producto básico en la alimentación inglesa, comenzó como un artículo exótico de importación que vendían los prestigiosos grandes almacenes Fortnum & Mason, que aún las siguen vendiendo junto a otros artículos de lujo, recordando al mundo entero el origen de la tradición.
Nunca he preparado alubias con salsa de tomate, de hecho, dudo que mucha gente las cocine en Inglaterra, pues es un plato tremendamente asociado a su versión en lata, como podría ser el atún o el maíz dulce en nuestra gastronomía. Además, su proceso de elaboración es lento —aunque sencillo— y su precio en el mercado tan ridículo (desde menos de 30 peniques la lata de 250gr.) que imagino que pocos se aventurarán a prepararlas.
Como he dicho antes, la receta original se realizaba en una cazuela de barro enterrada con tierra y cenizas a modo de horno improvisado, pero actualmente se estofan. Lo primero, no obstante, es poner las alubias en romojo unas horas, luego se cuecen durante 20 o 30 minutos y después se estofan durante unas cuatro horas con una salsa compuesta de salsa de tomate, salsa worcestershire, cebollas y melaza.
El resultado es unas alubias que se deshacen en la boca, rodeadas por una salsa gelatinosa muy dulce, que se parece más al ketchup que una salsa de tomate tal y como aquí la conocemos. Acompañan muy bien el sabor intenso del bacon y las salchichas, y completan la bomba calórica necesaria para afrontar el largo día hasta la cena, con su frugal lunch entre medias.
Además de ser parte esencial del desayuno, las baked beans también han colonizado otras comidas, incluida la cena. En los pubs no es poco habitual pedirse unas beans on toast, que es una tostada cubierta de estas alubias, y dado su bajo precio y fácil preparación (se calientan en el microondas y listo) también son consideradas parte fundamental de la alimentación de los estudiantes.
Imagen | Wikimedia Commons
En Directo al Paladar | Lo mejor de la gastronomía británica
Desde que descubrí esta receta de galletas de cristal en el blog de Canelona tenía ganas de hacerla, pero por una cosa u otra siempre la iba retrasando, hasta que me propuse no demorarlo más y prepararlas con mis hijos estas vacaciones. Disfrutaron tanto haciéndolas como comiéndoselas.
Ahora lamento no haberlas preparado antes, porque están deliciosas. Sinceramente, tenía dudas sobre si me quedarían bien con el caramelo central, pero quedan perfectas y con un suave y delicioso aroma a limón. La próxima vez usaré un molde más pequeño para que la masa cunda más.
Empezamos poniendo en el vaso de la Thermomix los ingredientes en este orden: harina, mantequilla, azúcar, sal, aroma y huevo (previamente batido) y mezclamos de 15 a 20 segundos a velocidad 6. Envolvemos la bola de masa en film transparente y la reservamos en la nevera, una hora como mínimo.
Una vez pasado el tiempo de reposo, estiramos la bola entre dos hojas de papel de hornear, la hoja de abajo un poco enharinada para que la masa se despegue fácilmente. Tienen que quedar con un grosor de medio centímetro aproximadamente.
Cortamos las galletas con el cortapastas elegido y las pasamos a una bandeja de horno, cubierta con papel de hornear y untada ligeramente de mantequilla. Después, con un cortapastas más pequeño cortamos el motivo central, para que quede un hueco.
Colocamos medio caramelito en el hueco central de cada galleta, no es necesario triturarlo previamente, y las horneamos 10 o 15 minutos a horno precalentado a 180ºC. Dejar enfriar bien las galletas antes de retirarlas de la bandeja, para que no se rompan.
Tiempo de elaboración | 1 hora y media
Dificultad | Media
Nunca he adornado el árbol de Navidad con galletas, pero esta receta de galletas de cristal me parece muy adecuada. Creo que el año que viene me animaré a hacerlo así. Para ello, una vez las galletas están recién salidas del horno, antes de que se enfríen, es necesario pincharlas con una aguja para formar un agujerito por el que paseremos el hilo para poder colgarlas.
En Directo al Paladar | Receta de galletas crujientes de dulce de leche
En Directo al Paladar | Precioso rodillo para hacer galletas springerle
Los que seguís mi trayectoria en el mi blog personal sabéis que en estos últimos tiempos he descubierto la masa madre y he empezado a hacer pan en casa casi cada día. Pero hasta hoy no había compartido en Directo al Paladar ninguna de mis experiencias ‘panarras’ y por eso antes de que acabe el año os traigo esta receta de pan rústico de centeno y miel con masa madre. Es época de vacaciones por la Navidad así que ahora no hay excusas para intentarlo vosotros en casa.
La harina de centeno está, en general, poco refinada es por lo que le he puesto el apellido de rústico y le añadí un poco de miel para contrarrestar el exceso de acidez que puede conferir al pan. El resultado es un pan de sabor muy especial y que ha resultado perfecto para el desayuno. Espero que os animéis a probarlo.
Pon en un recipiente la mezcla de harinas y la sal y mezcla bien. Esto será la mezcla seca de nuestro pan.
En otro recipiente mezcla la masa madre con el agua y la miel. Mueve con una cuchara hasta que se disuelva bien. Esta es la mezcla húmeda del pan.
Después, vamos a agregar la mezcla de harinas al recipiente a la mezcla húmeda y mezclamos bien hasta conseguir una masa homogénea. Nos quedará una masa muy pegajosa pero por favor, no añadas más harina.
Cubre el recipiente y deja reposar la masa 10 minutos.
Luego viene el amasado, aquí podéis hacerlo como queráis, a mano o a máquina. El amasado a mano según Bertinet ya lo vimos en el post que nos dejó Uno de dos. Y a máquina pues depende de lo que tengáis en casa, amasadora, Thermomix o KA. Si es amasadora pues un programa de amasado largo. Si es Thermomix tres amasados de 3,5 minutos velocidad espiga separados entre sí 5-10 minutos. Y si es KA-Kenwood, con el brazo de amasar, tres amasados de 5 minutos separados entre sí 5-10 minutos. Elige la que mejor se amolde a tí y tu tiempo.
La masa resultante la ponemos en un recipiente espolvoreado de harina y lo dejamos reposar durante 1 hora.
Luego en la superficie de trabajo, también espolvoreada con harina, le damos forma redonda. Esa masa la pondremos en la cesta de levado o banetton con más harina en el fondo y cubrimos con un paño. Dejamos levar toda la noche.
Al día siguiente, en el horno introducimos un recipiente apto para horno con agua (tamaño cuenco) para conseguir una corteza más crujiente. Precalentamos el horno a 250ºC al menos 20 minutos.
Giramos el banetton sobre la bandeja de horneado, hacemos con un cuchillo afilado los cortes que veis en las imágenes (básicamente un cuadrado y luego una cruz central) y horneamos durante 30 minutos bajando la temperatura a 220ºC. Deja enfriar sobre una rejilla.
Tiempo de preparación | 45 minutos + 1 hora de reposo + 12 horas de levado
Dificultad | Media
El sabor entre ácido y dulce que tiene esta receta de pan rústico de centeno y miel es perfecto para comer con algo salado en el desayuno. Se me ocurren tomate en rodajas, un chorrito de AOVE y un poquito de sal. Un desayuno perfecto en sabor, equilibrado y totalmente casero.
En Directo al Paladar | Cómo hacer pan
En Directo al Paladar | Bodegones equilibristas de pan por Nacho Alegre
Para los más pequeños de la casa, estas Fiestas son siempre sinónimo de felicidad, turrones, caramelos, regalos, chocolate… y muchas vacaciones y tiempo para jugar, lo que traducido en lenguaje adulto significa muchos quebraderos de cabeza para tenerlos entretenidos. Para ayudaros en este menester os he recopilado algunas de las recetas de Navidad para hacer con niños que estamos publicando en nuestro blog amigo Bebés y Más.
La clave para tener a los niños contentos en la cocina es seducirlos con preparar algo que no sea muy complicado y que les quede claro que una vez hecho les va a encantar. Los dulces nunca fallan, especialmente si intervienen gominolas o motivos navideños, aunque también podemos hacer alguna receta salada.
Entre todas la recetas es difícil quedarse con una sola, de hecho, le dan a uno ganas de tener hijos para ponerse a hacerlas todas con ellos, si embargo, hay dos que han conquistado mi corazón. Por un lado, estas galletas reno de chocolate, que son simple y llanamente adorables, y además muy fáciles de hacer; por el otro, este muñeco de nieve helado, porque siento auténtica debilidad por los muñecos de nieve, y si encima me los puedo comer, pues ya ni te cuento.
Otro de los personajes navideños que siempre me ha parecido muy entrañable es el muñequito de gengibre, que es una magnífica receta para hacer y decorar con niños, aunque a lo mejor luego les da lástima comerlo, como me pasaba a mi de pequeño, aunque solo hasta que probaba un trozo y descubría lo bueno que estaba.
No hace falta que las galletas tengan siempre forma de monigote, ni que sean de gengibre. Aquí tenéis una sencilla receta para la masa de galletas y también diferentes ideas y una explicación muy detallada de cómo decorar galletas de Navidad con fondant.
Los turrones también son una muy buena opción para preparar estos días con los más pequeños, así aprenden que las cosas que se compran no caen así del cielo como por arte de magia, sino que se pueden hacer también en casa. Así, por ejemplo, podemos preparar un turrón de chocolate blanco y lacasitos o el clásico turrón de chocolate crujiente, ambos tan sencillos de hacer como deliciosos de comer.
Si estáis buscando algo un poco más tradicional, hay muchas recetas que se pueden hacer con niños, como por ejemplo unas galletas de adviento, las preciosas galletas estrella de Navidad y también estas deliciosas bolitas de coco y leche condensada.
Ya para acabar, no podría dar por concluido este pequeño resumen de recetas de Navidad para hacer con niños sin recomendaros la adorable pizza de Papa Nöel o las luces de gominola para decorar el árbol, con la ventaja de que estas podremos comérnoslas al acabar las Fiestas y así evitar tener que recogerlas. Eso, si nadie a picado en un despiste.
Por cierto, seguid al tanto del especial de recetas de Navidad para hacer con niños de Bebes y Más, porque aún tienen unas cuantas recetas que compartir con vosotros y seguro que encontráis un día en el que prepararlas con los pequeñajos.
En Bebes y Más | Recetas de Navidad para hacer con niños
En Directo al Paladar | Recetas de Navidad
Cuando era pequeña no existía Papá Noel, los regalos de Navidad los traían sólo los Reyes Magos, lo cual suponía tener que esperar al final de las vacaciones navideñas para recibir ese juguete por el que suspirabas todo el año. Una injusticia según como se mire. Hoy en día las cosas han cambiado y ayer noche recibí mi regalo: el último libro de Jamie Oliver “Las comidas de Jamie en 15 minutos”, del que podré disfrutar todas las fiestas.
Por supuesto, me he levantado pensando en hojearlo con detenimiento. Qué mejor forma de empezar el día de Navidad para un aficionado a la gastronomía. Así que aquí estoy, en la cocina con una taza de café con leche y mi nuevo libro de recetas. Como es pronto y todos duermen tengo tiempo para contaros mis impresiones sobre él.
Lo primero que llama la atención del libro es su portada. Una foto del mediático cocinero con una sonrisa de oreja a oreja. No sé vosotros, pero yo no puedo evitar que me caiga bien, me parece una persona muy cercana además de un buen chef. Polémicas aparte, intentar concienciar de la necesidad de aprender a comer sano me parece muy importante.
De hecho, tiene que ser muy familiar, pues el libro empieza con dos páginas llenas de fotos del álbum personal del autor en las que aparecen su esposa y sus hijos. Y termina también con fotos del equipo bromeando y degustando las recetas del libro. Se respira un buen ambiente increíble.
Las fotos de las recetas son preciosas. Están hechas con un plano cenital y los fondos que se han usados para los platos y bandejas, son maderas de distintos colores de aspecto buscadamente envejecido, lo cual les da un punto informal que las hace sumamente atractivas.
Según explica Jamie Oliver: “Este libro es básicamente una herramienta para ayudar a cocinar platos rápidos, deliciosos y frescos para cualquier día de la semana”. También dice que las recetas están probadas más de una vez y asegura que no tardaremos más de 15 minutos en prepararlas. En eso ya soy más escéptica, pero se tarden 15 minutos o se tarden 20, lo cierto es que las recetas son estupendas.
El libro está estructurado en los siguientes apartados: pollo, buey, cerdo, cordero, pescado, pasta, sopas y bocadillos, vegetarianos, desayunos y nutrición. Una estupenda recopilación de recetas basadas en platos de todo del mundo, desde una ensalada de pollo o un atún asiático a la plancha con arroz de coco, hasta un curry de verduras de Kerala o un salmón al té verde ¿No os tientan?
Me ha parecido muy práctico el último apartado del libro. Por todos es conocido el interés del autor por transmitir la necesidad de llevar una dieta sana y equilibrada. En la última parte de esta obra, realiza un recopilatorio fotográfico de todas las recetas, indicando, en cada una de ellas, las calorías, grasas, azúcares y grasas saturadas de los platos, y da una serie de consejos para llevar un estilo de vida más sano.
Estoy encantada con mi regalo de Navidad y ya he marcado varias recetas de Las comidas de Jamie en 15 minutos para hacerlas lo antes posible. Como todas las recetas van acompañadas de una guarnición, en realidad es como si hubiera el doble de posibilidades para elegir. Si tenéis la oportunidad de hojear este libro no dejéis de hacerlo, seguro que os cautivará como me ha pasado a mí.