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lunes, 14 de enero de 2013

Baked beans, imprescindibles en un buen desayuno inglés

Baked beans - 1

El verano pasado, de vacaciones en uno de esos hoteles de playa pensados para extranjeros, me aficioné al English breakfast, con su bacon, sus huevos revueltos, sus salchichas… y como no, las baked beans, imprescindibles en un buen desayuno inglés, por muy extraño que resulte meterse unas alubias en el cuerpo a primera hora de la mañana.

A lo largo de esa semana le fui cogiendo cariño a esas pequeñas alubias con salsa de tomate, y no voy a negar que cuando volví a casa echaba de menos su sabor dulzón y su indescriptible textura. Las busqué en los supermercados de mi barrio y, al no encontrarlas, hice un esfuerzo por superar mi adicción. Hasta el sábado pasado, que de visita en mi pueblo, en el interior de Alicante, me las encontré en una estantería del supermercado junto con la fabada asturiana.

Un poco de historia

El origen de este plato, como suele ocurrir, es incierto. Las alubias empleadas son originarias de Norteamérica, y llegaron a Italia por primera vez en 1528. Con el tiempo fueron extendiéndose por Europa a través de Francia, y de ahí a las Islas Británicas, donde el estofado de judías era bastante habitual.

Sin embargo, la receta original proviene de Maine, al noreste de Estados Unidos, donde los colonos horneaban las alubias en cazuelas de barro cubiertas de tierra y brasas, de ahí el adjetivo baked, que significa horneadas, y así se siguen llamando a pesar de que actualmente se hacen estofadas.

Baked Beans 2

Las alubias fueron una de las primeras comidas en enlatarse, y las latas de alubias con cerdo y tomate formaban parte del suministro de guerra durante la Guerra Civil Americana en la década de 1860. Sin embargo, no fue hasta 1886 que las alubias con salsa de tomate (ya sin cerdo) llegaran a Inglaterra.

Curiosamente, lo que ahora se considera un producto básico en la alimentación inglesa, comenzó como un artículo exótico de importación que vendían los prestigiosos grandes almacenes Fortnum & Mason, que aún las siguen vendiendo junto a otros artículos de lujo, recordando al mundo entero el origen de la tradición.

La preparación

Nunca he preparado alubias con salsa de tomate, de hecho, dudo que mucha gente las cocine en Inglaterra, pues es un plato tremendamente asociado a su versión en lata, como podría ser el atún o el maíz dulce en nuestra gastronomía. Además, su proceso de elaboración es lento —aunque sencillo— y su precio en el mercado tan ridículo (desde menos de 30 peniques la lata de 250gr.) que imagino que pocos se aventurarán a prepararlas.

Baked beans - 3

Como he dicho antes, la receta original se realizaba en una cazuela de barro enterrada con tierra y cenizas a modo de horno improvisado, pero actualmente se estofan. Lo primero, no obstante, es poner las alubias en romojo unas horas, luego se cuecen durante 20 o 30 minutos y después se estofan durante unas cuatro horas con una salsa compuesta de salsa de tomate, salsa worcestershire, cebollas y melaza.

El resultado es unas alubias que se deshacen en la boca, rodeadas por una salsa gelatinosa muy dulce, que se parece más al ketchup que una salsa de tomate tal y como aquí la conocemos. Acompañan muy bien el sabor intenso del bacon y las salchichas, y completan la bomba calórica necesaria para afrontar el largo día hasta la cena, con su frugal lunch entre medias.

Además de ser parte esencial del desayuno, las baked beans también han colonizado otras comidas, incluida la cena. En los pubs no es poco habitual pedirse unas beans on toast, que es una tostada cubierta de estas alubias, y dado su bajo precio y fácil preparación (se calientan en el microondas y listo) también son consideradas parte fundamental de la alimentación de los estudiantes.

Imagen | Wikimedia Commons
En Directo al Paladar | Lo mejor de la gastronomía británica




martes, 8 de enero de 2013

Lechuga al horno

¡Y yo que creía que la lechuga era sólo para el verano! ¿Cómo he podido vivir todos estos años así de engañada? ¿Por qué nadie me dijo que la lechuga al horno era una receta sencilla, económica y rica? La receta en sí misma es muy sencilla al igual que sus ingredientes. Lo único que [...]

El artículo Lechuga al horno ha sido originalmente publicado en Recetas Thermomix.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Cómo el otoño se convirtió en mi época favorita gracias a la comida

Otoño

El otoño es una estación un tanto extraña. Lo concebimos más como una etapa de transición entre el verano y el invierno, pero no tiene el protagonismo de la primavera, tan apreciada por la llegada del buen tiempo. Está marcado por una cierta melancolía, pues supone el fin de las vacaciones, la vuelta a la rutina, y encima nos trae frío y menos horas de luz solar. Sin embargo, el otoño se convirtió desde hace tiempo en mi época favorita, en gran parte gracias a la comida los recuerdos que despierta de mi infancia.

Cuando eres niño es fácil odiar al otoño. Se acabaron los días de jugar a todas horas, de piscina y playa, y hay que volver al colegio. Nos obligan a ir con pesada ropa de abrigo y apenas podemos jugar en la calle por el mal tiempo. Pero cuando te conviertes en adulto te das cuenta de la cantidad de buenos recuerdos que guardas precisamente de esa estación tan infravalorada, y, al menos en mi caso, muchos están asociados a los sabores y olores de las comidas de otoño.

Pastel otoñal de manzana y frutos secos

De pequeña pasaba todo el verano en la casa de campo de mis padres, y todavía me escapo allí unos días cuando puedo. Al mismo tiempo que los días se hacían más cortos, las higueras de la familia nos regalaban sus maravillosos frutos, mientras que mi padre comenzaba a traer los primeros racimos de uvas. Nos despedíamos de melones, sandías y melocotones, pero sin darnos cuenta nuevos frutos iban llenando la despensa.

A medida que avanzaba el mes de octubre, trayendo consigo temperaturas más frías, nuevos aromas y colores iban adueñándose de la cocina, combinando las dos culturas de mi familia, la murciana y la suiza. La gran variedad de manzanas y peras nos regalaba compotas especiadas y jugosos asados, pero también dulces pasteles y strudels cargados de canela y nuez moscada. Y cómo olvidar aquel maravilloso aroma que inundaba toda la casa cuando mi madre se dedicaba con tesón a preparar decenas de botes de dulce de membrillo.

Calabazas otoñales

Qué reconfortante era llegar al hogar cuando el frío exterior te había congelado hasta los huesos, pues nos esperaban humeantes platos de sopas, caldos y guisos cocinados con mimo a fuego lento durante horas. Si ese día además había caído lluvia, sabías que te esperaba un nutritivo plato de migas, como manda la tradición en la huerta de Murcia. Puede que fuera comida de pobres, pero las migas son de esas recetas tradicionales que te llenan de nostalgia con sólo captar su aroma.

Recuerdo que gracias a la televisión ya sabíamos lo que era Halloween, pero esta fiesta anglosajona todavía no tenía tanta presencia como ahora. Cuando se acercaba el mes de noviembre lo que llenaba escaparates de pastelerías y puestos por las calles eran dulces clásicos como los buñuelos de viento y huesos de santo, pero también productos tradicionales murcianos como el dulce arrope y calabazate.

Castañas asadas

Si hay que destacar un olor característico del otoño, creo que muchos coincidieremos en señalar el de las castañas asadas. Qué placer supone hacer un alto en el camino cuando el frío aprieta por la calle, para comprar un cálido cucurucho de cartón lleno de las deliciosas castañas recién asadas. No sólo alimentan sino que además reconfortan, y parece que saben mucho mejor si se comparten con alguien especial.

Junto a las castañas no me puedo olvidar del resto de la gama de frutos secos, que aunque disponibles todo el año parece que pertenecen más a estos meses de temperaturas frías. Dátiles, ciruelas y uvas pasas, orejones de albaricoque, nueces y almendras, dan forma a muchos dulces de la época pero también enriquecen con su poder nutritivo muchos guisos y asados.

Boniatos

Otro producto otoñal cuyo aroma todavía se puede encontrar por las calles es el del boniato asado. Yo no puedo evitar acordarme de mi abuelo cuando me encuentro con boniatos en el mercado, y es que fue él quien me descubrió el dulce manjar de este extraño vegetal de color naranja. Cuando hoy en día preparo unos boniatos en el horno, su fuerte aroma llena de nostalgia mi cocina, aunque el sabor no se puede comparar a cuando los asábamos sobre la lumbre de su casa en la huerta.

Desde pequeña he sido una apasionada de la fruta, pero aunque me apenaba tener que decir adiós a melocotones y nectarinas, el disgusto duraba poco pues pronto se llenaba la casa de nuevos aromas frutales. Naranjas y mandarinas se unían a otros frutos como el caqui, la granada o las distintas variedades de uva que siempre regalaban a mi padre. Racimos que parecían poco apetitosos a la vista, pero que desataban una explosión de dulce sabor una vez en la boca. No siempre la fruta más bonita es la más sabrosa.

Mandarinas

En cualquier caso, yo siempre he tenido debilidad por los cítricos. El olor de los jugos de la primera mandarina de temporada, que te mancha los dedos al pelarla casi con ansia, siempre me despierta miles de recuerdos. Y tengo una debilidad especial, degustarlas junto a frutos secos, especialmente nueces, costumbre que me viene por la parte suiza de la familia. Y es que allí se mantiene la tradición de celebrar a principios de diciembre el día de San Nicolás, cuando el santo regala a los niños mandarinas, nueces y galletas.

Cuando se acerca el último mes del año ya está la Navidad en el ambiente, con todos sus aromas especiados y sus típicos dulces que nos asaltan en todos los comercios. A medida que avanza diciembre nos vamos despidiendo del otoño, esa estación que parece ser un mero puente entre el verano y las celebraciones navideñas. Pero para mí es la mejor época del año, aunque sea algo melancólica. Y es que la cocina otoñal está llena de aromas y sabores que cada año me trasladan de nuevo a mi infancia, regalándome buenos – y sabrosos – recuerdos.

Fotos | MarilynJane, avlxyz, procsilas, Vegan Feast,
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