Mostrando entradas con la etiqueta fama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fama. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de enero de 2013

Carajitos del profesor. Receta

Carajitos del profesor

Los carajitos del profesor son unos dulces tradicionales famosos en la localidad asturiana de Salas. Su historia arranca en 1918 cuando Pepín el profesor, un maestro de música, abre un negocio de restaurante café al que denomina “Casa del profesor”. Poco a poco y dentro de sus especialidades, se comienzan a hornear unas pastas compuestas de avellana, fruto seco de gran tradición en Asturias, cuya fama por lo ricas que están se comienza a extender entre los parroquianos.

Su curioso nombre procede de la exclamación de un indiano venido de las Américas que cada vez que se le apetecían unos de estos dulces le decía al profesor ¡dame un carajo de ésos!, apelativo utilizado en muchos lugares de Latinoamérica. Fue así como se bautizaron estas sencillas pastas de avellana que hoy, casi un siglo después de que comenzaran a hornearse, podéis preparar vosotros mismos en casa.

Ingredientes

  • 250 g de avellana molida, 130 g de azúcar, 90 g de clara de huevo o aproximadamente 3 claras.

Cómo hacer carajitos del profesor

Comenzaremos precalentando el horno a 180 grados con calor arriba y abajo, y preparando una bandeja de horno con un papel pergamino por encima. Pelamos y trituramos las avellanas con un robot de cocina o un molinillo de café. Las echamos en un bol y lo mezclamos con el azúcar, removiendo para que se integren bien los dos ingredientes.

Vamos añadiendo la clara de huevo de una en una removiendo con un tenedor para que la absorba la avellana. Debemos de conseguir una masa blanda, por lo que dependiendo de la calidad de nuestras avellanas y de la clara necesitaremos esos 90 gramos o quizá un poco menos.

Cogemos dos cucharas soperas o un racionador de helados pequeño y vamos haciendo montoncitos más o menos iguales de masa encima de la placa. Horneamos veinte minutos o hasta que veamos dorados los carajitos. Retiramos del horno, una vez pasados cinco minutos encima de la bandeja los colocamos en una rejilla para que se terminen de enfriar.

Carajitos del profesor

Tiempo de elaboración | 30 minutos
Dificultad | Fácil

Degustación

Para el desayuno, la merienda o entre horas, cualquier momento es bueno para disfrutar estos carajitos del profesor. Una deliciosa receta asturiana que no os podéis perder y que encima es tan fácil de hacer que seguro caéis en la tentación de repetirla varias veces y si no ya me contaréis.

En Directo al Paladar | Receta de fabada asturiana al estilo tradicional
En Directo al Paladar | Receta de rollo de bonito al estilo asturiano




martes, 18 de diciembre de 2012

Roast Beef con puré de patatas y salsa de mostaza

Nuestros expertos cocineros, Lucas y Javi, nos presentan una de las recetas inglesas con más fama, un plato de carne muy sabroso con un rico acompañamiento.


jueves, 13 de diciembre de 2012

El arte de Rothko en granos de arroz

Reinterpretando el arte de Rothko con arroz

Hace tiempo que el utilizar comida para crear obras de arte dejó de ser una novedad rompedora, pero no por ello dejan de fascinarnos las nuevas propuestas que autores emergentes y consolidados tienen que ofrecernos. Y ya sabréis que yo disfruto particularmente de las obras que combinan con creatividad y coherencia el mundo del arte y el mundo de la gastronomía, como sucede con esta serie de piezas que recrean el arte de Rothko con granos de arroz.

El artista de origen letón Mark Rothko alcanzó la fama sobre todo por la faceta expresionista de su trayectoria artística. Las formas abstractas de sus obras más cotizadas ciertamente se ofrecen para ser recreadas con otros materiales y jugar con las texturas, ya que son composiciones donde dominan las figuras geométricas, con el gran protagonista del color. La idea de utilizar granos de arroz tintados es sencilla pero efectiva, con bellos resultados.

El arte de Rothko en granos de arroz

Resulta curioso que Rothko, que rechazaba el esnobismo de la alta sociedad, recibiera un encargo para pintar murales en el prestigioso restaurante Four Seasons de Nueva York. Según recogen declaraciones del artista en aquella época, Rothko pretendía crear un efecto subversivo con su obra, estropear el apetito de los comensales. Su obra finalmente no llegó decorar el restaurante, pero décadas después de su muerte su espíritu ha servido de inspiración para reinterpretar su trabajo.

El fotógrafo Henry Hargreaves, en colaboración con la estilista y chef Caitlin Levin, decidieron recrear los murales de Rothko empleando granos de arroz después de haber estado experimentando con colores usando todo tipo de alimentos. Para la serie titulada Mark Rice-Ko, los autores tuvieron que teñir con colorantes naturales cientos de granos de arroz para conseguir imitar las vivas tonalidades del artista. El resultado es sin duda admirable, aunque fueron obras efímeras ya que el destino final de tan colorido arroz fue ser cocinado y degustado por sus mismos creadores.

Vía | Henry Hargreaves
En Directo al Paladar | Food on Paper, bellas ilustraciones de comida
En Directo al Paladar | Rebanadas de arte




Coliflor tostada con pasas



Coliflor tostada con pasas
Platos con estudios. / EL COMIDISTA

 


"El aprendizaje lo es todo. La coliflor no es más que una col con educación universitaria", escribió Mark Twain en su novela Pudd'nhead Wilson. Esta frase ilustra cómo cambia la percepción de los distintos alimentos en tiempo y el espacio: en la época en la que lo dijo (finales del XIX), esta hortaliza era una de las más caras y exclusivas en Estados Unidos, mientras que nosotros la vemos hoy como una comida de lo más humilde. Pero para mí el aforismo de Twain sigue teniendo validez, porque la coliflor me parece mil veces más fina que la col.



Claro está que puede resultar indigesta, flatulenta y un pelín maloliente si se cuece demasiado o se toma con el clásico refrito de medio kilo de ajo tostado, y de ahí puede venir su peor fama. Por el contrario, en su punto y aderezada con alegría es una exquisitez, tan delicada y gustosa como otras verduras consideradas más nobles.


La receta de hoy junta a la coliflor con dos ingredientes que sacan lo mejor de ella: las pasas y el vinagre, que aquí debe ser decente para no perforarte el estómago. La idea del plato es del chef estadounidense Bradley Herron, pero he cambiado algunos pasos cantidades e ingredientes para que quede más tierna y menos agria, y también para facilitar su elaboración. 


Ingredientes


Para 4 personas



  • 1 coliflor pequeña

  • 100 g de pasas sin semilla (o más, al gusto)

  • 1 diente de ajo

  • 1 guindilla roja seca picada

  • 1 ramita de romero (en su defecto, 1 cucharadita rasa de romero seco)

  • 1 cucharada de perejil picado

  • 100 ml de vinagre de Jerez de buena calidad

  • Aceite de oliva virgen extra

  • Sal y pimienta negra


Preparación


1. Poner en una cazuela pequeña las pasas, el romero, el diente de ajo sin pelar y dos cucharadas de agua. Cubrirlas con unos 100 ml de aceite y calentarlo tapado a fuego mínimo unos 30 minutos, sin que hierva. Dejar enfriar.


2. Cortar la coliflor de manera que obtengamos las flores, dejando las partes más gruesas del tronco para otras preparaciones (una crema, por ejemplo). Escaldar las flores un minuto en agua hirviendo con sal. Sacar, escurrir bien y dejar secar sobre un plato con papel de cocina.


3. Pelar y majar el ajo. Mezclarlo con la mitad del vinagre.


4. Poner a calentar una sartén grande o wok a fuego fuerte. Saltear la coliflor con dos o tres cucharadas del aceite de las pasas, sal y pimienta durante unos 10-15 minutos, moviéndola de vez en cuando. Tiene que tostarse, cogiendo color marrón en algunos lados, pero no desmigarse.


5. Añadir las pasas escurridas (el resto del aceite se puede usar para otros preparados) y la guindilla picada, remover y cocinar un minuto más.


6. Incorporar el ajo con el vinagre. Remover bien, corregir de sal, probar y añadir más vinagre si se quiere, de poco en poco para que no resulte muy ácida. Servir con perejil picado por encima.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Almejas en salsa verde con todo el sabor a Galicia


Ameixas en salsa verde es un clásico en muchas de las cocinas de Galicia todo el año, pero en especial por Navidad. Del mismo modo que otra de las recetas con más fama del blog, almejas a la marinera, en este plato tenemos todo el sabor a mar. Es un plato sencillo pero hay que rascarse los bolsillos [...]



jueves, 29 de noviembre de 2012

Pasteles de nata portugueses



Pastel nata
Nótese el maridaje baldosa portuguesa-pastel de Belem. / AINHOA GOMÀ

 


No soy demasiado goloso, pero uno de los dulces por el que sería capaz de asesinar son los pasteis de Belem o pasteles de nata portugueses. Se trata de unas tarteletas de hojaldre y crema cuya fórmula secreta sólo conocen los dueños de la pastelería del mismo nombre de Lisboa, convertida ya en una atracción turística gracias a la fama internacional del producto.



La popularidad de los pasteles es tal que en muchísimas pastelerías de Portugal se pueden encontrar imitaciones bastante logradas. Yo me conformo con tomármelos en A Casa Portuguesa en Barcelona, donde no sé si serán tan buenos como los originales, pero me ayudan a combatir la saudade a la vez que satisfacen al gordinflón que llevo dentro.


El otro día me lancé a prepararlos en casa, con resultados bastante dignos. Imagino que con hojaldre casero estarán mejor, pero no tenía ni tiempo ni energía para prepararlo, así que utilicé uno comprado. El guardián de las masas artesanas que suele dejar comentarios del tipo "tú siempre con las mierdas precocinadas" se enfadará, pero qué se le va a hacer. Por lo demás, mi receta es una mezcla de otras vistas en sitios como Velocidad Cuchara o Leite's Culinaria, a las que también podéis recurrir.


Dificultad


Media.


Ingredientes



  • 3 cucharadas de maizena

  • 300 ml de leche entera

  • 100 ml de nata líquida

  • 150 g de azúcar

  • 5 yemas de huevo

  • 1 vaina de vainilla

  • Azúcar glas y canela para espolvorear (opcional)


Preparación


1. Mezclar la harina con 50 ml de leche en un bol grande hasta que quede homogéneo.


2. Poner a hervir 100 ml de agua con el azúcar y la rama de vainilla cortada por la mitad longitudinalmente. En el momento en el que hierva este almíbar, retirar del fuego.


3. Mientras, calentar el resto de la leche con la nata. Cuando esté bien caliente, antes de que hierva, añadirlo a la leche con la crema de maizena y mezclar bien.


4. Sacar la vaina de vainilla del almíbar e ir añadiéndolo a la mezcla anterior poco a poco sin dejar de remover con rapidez.


5. Cuando la crema anterior se haya templado un poco, incorporar las yemas de huevo y mezclar. Cubrirlo con plástico que quede pegado a la crema y reservar.


6. Precalentar el horno a temperatura máxima (260 grados).


7. Estirar la masa de hojaldre con un rodillo hasta que quede bien fina. Cortar con un cortapastas redondo que tenga más o menos el tamaño de los moldes. Acostar en ellos los discos y, con los dedos mojados en agua, aplastar la masa sobre el fondo y los bordes para que quede lo más fina posible. No importa que sobresalga un poco de masa por los bordes.


8. Rellenar 3/4 partes de los hojaldres con la crema (no pasarse por aprovecharla toda porque con el calor subirá y rebosará). 


9. Hornear unos 8-10 minutos hasta que el hojaldre esté hecho y de color marrón. Dejar enfriar unos minutos, desmoldar y pasarlos a una rejilla. Como mejor están es templados, pero se pueden comer fríos, espolvoreados si se quiere con azúcar glas y canela.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Mundo insólito: El Comidista saca nuevo libro



IMG_1631


Cuando haces pop, ya no hay stop. / EL COMIDISTA

 


Traigo una mala noticia para trolls, veganos integristas y gastrónomos de alcurnia que me consideran un cantamañanas: hoy publico nuevo libro. Lo siento, sé que en mundo ideal esto no habría pasado, pero la insistencia de la editorial y mis ansias desmedidas de fama me han empujado a hacerlo. Se llama La cocina pop de El Comidista, y cualquier librería con criterio lo debería tener ya en sus mostradores.



Supongo que, antes de correr a comprarlo, los que no pertenecéis a ninguno de esos grupos inhumanos querréis saber qué invento es esto. Pues bien, el libro es una especie de batiburrillo de recetas viejas y nuevas, textos prácticos y nada prácticos, recomendaciones para conducirse por la vida y selecciones en plan Reader's Digest de clásicos del blog. Todo ilustrado de forma muy bonita, gracias a las maravillosas fotografías de Ainhoa Gomà y los soberbios dibujos de Dani Jiménez.


Pero dejemos que este nuevo Quijote hable por sí mismo. Aquí tenéis en rigurosa exclusiva planetaria, y gratis, el prólogo de La cocina pop de El Comidista.


"Antes que nada, una explicación. Como sé que el concepto de cocina pop va a dar pie a múltiples confusiones, les cuento rápidamente de qué va esto. No quiero que me pase como con el primer libro, que la gente piensa que es de dietas porque sale una alcachofa en la portada.


La cocina pop es una cocina que se mezcla con la cultura pop. Es decir, que incluye referencias al cine, la televisión, la música, la moda, los libros, el diseño, la publicidad, los famosos o la actualidad. Es también una cocina fácil, directa, sin complicaciones y con ánimo ser accesible a todo el mundo, como el pop. Es, en definitiva, el tipo de cocina que practico en mi blog, El Comidista, en el que no sólo hablo de cuestiones culinarias, sino que relaciono la comida con todo ese mundo del que me confieso adicto.


 



IMG_1634


Y ahora, despejadas las dudas, suelto el rollo que tenía preparado. Si hace tres o cuatro años hubiera llamado a Esperanza Gracia, a Sandro Rey o a cualquier otro vidente de la tele y me hubiera dicho que iba a escribir dos libros de cocina, habría pensado que eran unos charlatanes. Pero aquí estoy, lanzando al mercado una segunda obra maestra un año después de haber vendido varios billones de ejemplares de la primera. Y eso sin ser un profesional del ramo ni haber trabajado en una cocina en mi vida.


Puede que a algunas personas del mundillo no les parezca bien este intrusismo. Tendrían razón. Soy lo que se dice un advenedizo, que ha tenido la suerte de caer en gracia a una audiencia algo despistada que no alcanza a comprender las esencias de la alta gastronomía, entre otras cosas porque no tiene dinero para pagarla. Al parecer, este público al que yo imagino relativamente joven, interesado en la cocina pero sin grandes conocimientos culinarios y con ganas de pasarlo bien sin demasiadas complicaciones, encuentra útiles mis recetas y divertidos mis artículos. Es un fenómeno inexplicable, como las caras de Bélmez o el aeropuerto de Castellón, pero existe, está ahí.


Desde que se publicó Las recetas de El Comidista, El Comidista como blog ha crecido de manera notable, a veces incluso desbordándome un poco. Ha alcanzado unas cifras de tráfico de las que estoy muy contento, porque significan que me lee mucha gente y porque garantizan -dentro de lo posible en estos días- mi continuidad en el circo de los medios. A la vez, estos números dan un poco de vértigo, porque a veces lo que escribo se magnifica, alcanza un eco insólito a través de las redes sociales y adquiere una trascendencia que en realidad no tiene.


Ha habido entradas memorables a este respecto, como las dedicadas a las boutiques del pan, al presidente de Mercadona, a la dieta Dukan o a Arguiñano como comentarista político. En todas ellas, los comentarios de los lectores han acabado superando en interés al propio post: una buena tangana colectiva es siempre más atractiva que la opinión de un solo señor, por muy formada que sea. También ha habido recetas con gresca incluida, especialmente las que aludían a especialidades nacionales o regionales. Pregunten en Perú por mis cebiches o en Andalucía por mis gazpachos, que seguro que les hablan muy bien de mí.



IMG_1633


Mención aparte merece la sección más exitosa con diferencia de este último año de blog: Aló, Comidista. Este consultorio que abrí inocentemente para que los lectores me enviaran sus dudas se transformó a toda velocidad en un lugar en el que la cocina se mezclaba con los asuntos más disparatados. Lo cierto es que yo induje un poco al personal a que sacara los pies del tiesto, puesto que me aburría sobremanera la idea de hacer un consultorio estrictamente culinario. Pero nunca pensé que las preguntas fueran a llegar tan lejos en su extravagancia, en su curiosidad, en su inteligencia o en su idiotez.


Este libro recopila los momentos más desternillantes del Aló, y también los más prácticos. Creo que ese equilibrio entre la utilidad y el despropósito es lo que define mi trabajo, y por eso en La cocina pop de El Comidista uno recetas y artículos tutoriales, como las antiguías o el revuelto de trastos, con historias más disparatadas, como las entrevistas a las comidas viejunas. A la vez, la presencia de la cultura pop es más intensa que en el anterior libro: recomiendo películas para cada plato (unas veces porque tienen alguna relación; otras, porque me gustan sin más), incluyo un capítulo de menús para ver series de televisión que me encantan, como Juego de Tronos o Dexter, y abro el recetario a las aportaciones de artistas  que me caen bien y que no tienen nada que ver con el ámbito gastronómico, como Elvira Lindo, Miqui Puig o mi hermano Juanma.


Espero que este gran batiburrillo os guste, y que si no cocináis, al menos paséis un rato agradable con mis bobadas. Este libro no tiene otra pretensión que la de animaros a guisar y divertiros en tiempos revueltos, que para desdichas ya están los informativos. Así que vamos a ello".


'La cocina pop de El Comidista' se presenta el 26 de noviembre en Barcelona (Casa del Llibre Rambla Catalunya) y el 28, en Madrid (Fórum Fnac Callao).

Biscuits roses de Reims. Receta

Biscuits roses de Reims

Hoy os traigo un postre con larga historia, y es que los biscuits roses de Reims surgieron en la región francesa que les da el nombre allá por el siglo XVII y fue en el siglo siguiente cuando una empresa confitera comenzó a distribuirlos de manera comercial, alcanzando gran fama en la repostería francesa. La palabra biscuit, que significa doble cocción, indica muy bien la naturaleza de estos bizcochitos, de textura densa y más bien dura gracias a ese proceso de doble horneado no se desarman fácilmente al ser mojados en un líquido, lo que los hace ideales para tomar como en Francia mojados en champán, o bien con bebidas calientes como el café y el chocolate.

Así que hoy os propongo dar un toque de sofisticación a vuestro café de media tarde y sorprender a vuestras amistades con unas coloristas galletitas. Estas las podéis preparar como he hecho yo en un molde de silicona de financiers o si no lo tenéis, los podéis hacer en una placa de horno baja y después recortarlos en forma rectangular, dándoles unos minutos de horno de nuevo para que se sellen sus laterales y queden crujientes.

Ingredientes

  • 2 huevos, 100 g de azúcar, 1 sobre de azúcar avainillado, 90 g de harina, 45 g de Maicena, 1/4 de cucharadita de levadura en polvo, 50 g de azúcar glas, 2 gotas de colorante alimentario rosa o 1 de colorante rojo

Cómo hacer biscuits roses de Reims

Comenzaremos separando las yemas de las claras. En un bol batimos las yemas con el azúcar y el azúcar vainillado, a mano o mejor con una batidora de varillas, hasta que doblen su volumen y las veamos bien esponjosas, será un mínimo de por lo menos cinco minutos de batido para que quede bien.

Vamos añadiendo una clara, la incorporamos a la mezcla anterior y removemos durante dos minutos. Añadimos la clara siguiente y repetimos la misma operación. Añadimos las gotas de colorante alimentario y lo incorporamos suavemente. Precalentamos el horno a 180 grados.

Añadimos la mezcla de harinas junto con la levadura uniendo la masa hasta que veamos una mezcla lisa y brillante. Si los vamos a hornear en un molde de silicona la introducimos en una manga pastelera o bien en una bolsa de congelación con una esquina cortada, y rellenamos cada agujero. En el caso de que lo preparemos en una bandeja de pastelería engrasada y forrada con papel de horno, no hace falta, extendemos la masa y la nivelamos con una espátula. Espolvoreamos el azúcar glas con un colador y dejamos reposar cinco minutos, volvemos a espolvorear de nuevo con azúcar glas y horneamos durante doce minutos aproximadamente.

Dejamos templar los bizcochos en el molde y los vamos quitando o bien, si los hemos horneado en la placa, recortando en rectángulos iguales con cuidado de no romperlos. Los ponemos de nuevo en el horno encima de una bandeja con papel pergamino, cinco minutos a la misma temperatura y ahora ya sí, los dejamos enfriar.

Biscuits roses de Reims

Tiempo de elaboración | 40 minutos
Dificultad | Fácil

Degustación

Los biscuits roses de Reims están preparados con unos ingredientes muy básicos y solo un ligero sabor avainillado por lo que como os comentaba antes, consiguen acentuar los sabores tanto de un café, té, chocolate, como de un sofisticado champán o vino dulce. Cuando preparéis vuestros bizcochitos caseros van a encantar a todo el que los pruebe y ya nadie va a querer los que se venden en las más famosas galerías comerciales parisinas.

En Directo al Paladar | Tarta de pera y crema frangipane. Receta
En Directo al Paladar | Macarons con lemon curd. Receta

saeco

Qué buen aspecto tienen tus Biscuits Roses de Reims, con ese tono sonrosado. A mí me apetecería tomarlo con un cóctel, que contrastará en sabor, textura y color. Estoy pensando en El Novio, ¿te atreves?. El Novio Sí, ya sé que el nombre es poco descriptivo, pero ahí va mi sugerencia. Introduce 200 ml de hielo picado en una coctelera y añádele 2 cl de licor de crema de café, otros 2 cl de coñac y una cucharadita de azúcar. Vierte la mezcla en una copa de Martini y sirve una taza de café frío por encima. Obtendrás una bebida fresquita y de sabor intenso, que contrastará con la dulzura de tus biscuits. La calidad del café es fundamental en el resultado final, así que mi consejo es que elijas bien la variedad y utilices una cafetera que elabore un buen espresso, como cualquiera de las cafeteras espresso automáticas de la colección Saeco de Philips.