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martes, 29 de enero de 2013

¿Qué fue de los huevos blancos?

huevos blancos 1

Seguro que muchos os habréis fijado que hace tiempo que ya no hay más que huevos marrones en las tiendas y supermercados. El otro día fui a buscarlos para una receta y caí en la cuenta de que no es que haya más de unos que de otros, es que han desaparecido completamente. Así que no me queda más remedio que lanzar la pregunta al aire: ¿qué fue de los huevos blancos?

Lo primero que he pensado es que los huevos morenos eran mejores que los blancos, más nutritivos, más resistentes y esas cosas, y aunque en algún sitio he leído que las cáscaras de los blancos eran más frágiles, en principio lo único que diferencia a ambos huevos es su color, así que debía buscar otra explicación.

Indagando en internet y preguntando a familiares y amigos he llegado a la conclusión de que fue una decisión comercial motivada por los hábitos del consumidor: los morenos se vendían mucho mejor que los blancos. Aclarado ya que la biodiversidad murió en pos del beneficio empresarial, aún nos queda saber por qué la gente prefería los huevos pardos a los impolutos blancos.

huevos blancos 3

Como he dicho antes, los dos huevos son iguales; su color solo depende de la estirpe de la gallina, si éstas es blanca, el huevo es blanco, si es marrón, moreno. Sin embargo, sí existe una diferencia notable entre ambos tipos de gallinas: las blancas son más pequeñas y no comen tanto, por lo que cabían más en el mismo gallinero y encima gastaban menos pienso, aunque ponían huevos más pequeños.

Este detalle, unido al hecho de que con el blanco se quería trasmitir una imagen de limpieza e higiene, hizo que durante mucho tiempo la mayoría de huevos comerciales fueran blancos, mientras que los pardos eran un rara avis que disfrutábamos cuando nuestro tío el del pueblo bajaba a la ciudad con un cesto lleno de ellos. Así, en el imaginario popular se estableció la asociación del huevo pardo con lo rico y natural, por lo que a hora de escoger uno u otro en el puesto sería más fácil que escogiéramos el moreno, aunque ambos provinieran de una granja masificada.

Huevos blancos 2 También hay tipos de gallinas que ponen huevos turquesa

No tardarían mucho los comerciantes, distribuidores y productores en darse cuenta de este hecho diferencial, y empezaron a primar unos sobre otros e incluso publicitar los morenos como “naturales”, hasta el punto de que hoy en día lo raro es encontrarse un huevo blanco, por mucho que en nuestra mente los huevos sigan siendo blancos.

Llegados a este punto no queda más que afirmar que fuimos nosotros mismos los que hicimos desaparecer a los huevos blancos. No es que sea nada grave, más bien al contrario, porque refleja el poder que tenemos los consumidores para cambiar las cosas.

Maquina huevos

Por ejemplo, hemos denunciado varias veces las malas condiciones en las que viven las gallinas enjauladas y también os hemos explicado cómo identificar un huevo gracias a su DNI, que nos informa de cómo vivía y comía la gallina que lo puso, si era feliz comiendo al aire libre o si al menos podía pisar el suelo y comer cereales.

No me cabe duda de que si de repente todos compráramos huevos camperos o ecológicos y los de gallinas ponedores en jaulas se quedaran en las estanterías, ya se encargaría el supermercado de tener solo de los que se venden, y por ende el productor de sólo criar y alimentar a sus gallinas en las condiciones adecuadas.

Imágenes | Nomadic Lass, woodleywonderworks y archer 10
En Directo al Paladar | Máquina expendedora de huevos frescos
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Pan de Viena con avena y pasas

¿Habéis probado el Pan de Viena? Si la respuesta es no, ya no hay excusa, tenéis que probarlo.En este caso he tirado de despensa y está enriquecido con avena y pasas. Por supuesto, podéis hacerlo más simple sin poner estos ingredientes añadidos o, si lo preferís, sustituirlos por otros (en el libro de Pan y Bollería [...]

El artículo Pan de Viena con avena y pasas ha sido originalmente publicado en Recetas Thermomix.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Mundo insólito: El Comidista saca nuevo libro



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Cuando haces pop, ya no hay stop. / EL COMIDISTA

 


Traigo una mala noticia para trolls, veganos integristas y gastrónomos de alcurnia que me consideran un cantamañanas: hoy publico nuevo libro. Lo siento, sé que en mundo ideal esto no habría pasado, pero la insistencia de la editorial y mis ansias desmedidas de fama me han empujado a hacerlo. Se llama La cocina pop de El Comidista, y cualquier librería con criterio lo debería tener ya en sus mostradores.



Supongo que, antes de correr a comprarlo, los que no pertenecéis a ninguno de esos grupos inhumanos querréis saber qué invento es esto. Pues bien, el libro es una especie de batiburrillo de recetas viejas y nuevas, textos prácticos y nada prácticos, recomendaciones para conducirse por la vida y selecciones en plan Reader's Digest de clásicos del blog. Todo ilustrado de forma muy bonita, gracias a las maravillosas fotografías de Ainhoa Gomà y los soberbios dibujos de Dani Jiménez.


Pero dejemos que este nuevo Quijote hable por sí mismo. Aquí tenéis en rigurosa exclusiva planetaria, y gratis, el prólogo de La cocina pop de El Comidista.


"Antes que nada, una explicación. Como sé que el concepto de cocina pop va a dar pie a múltiples confusiones, les cuento rápidamente de qué va esto. No quiero que me pase como con el primer libro, que la gente piensa que es de dietas porque sale una alcachofa en la portada.


La cocina pop es una cocina que se mezcla con la cultura pop. Es decir, que incluye referencias al cine, la televisión, la música, la moda, los libros, el diseño, la publicidad, los famosos o la actualidad. Es también una cocina fácil, directa, sin complicaciones y con ánimo ser accesible a todo el mundo, como el pop. Es, en definitiva, el tipo de cocina que practico en mi blog, El Comidista, en el que no sólo hablo de cuestiones culinarias, sino que relaciono la comida con todo ese mundo del que me confieso adicto.


 



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Y ahora, despejadas las dudas, suelto el rollo que tenía preparado. Si hace tres o cuatro años hubiera llamado a Esperanza Gracia, a Sandro Rey o a cualquier otro vidente de la tele y me hubiera dicho que iba a escribir dos libros de cocina, habría pensado que eran unos charlatanes. Pero aquí estoy, lanzando al mercado una segunda obra maestra un año después de haber vendido varios billones de ejemplares de la primera. Y eso sin ser un profesional del ramo ni haber trabajado en una cocina en mi vida.


Puede que a algunas personas del mundillo no les parezca bien este intrusismo. Tendrían razón. Soy lo que se dice un advenedizo, que ha tenido la suerte de caer en gracia a una audiencia algo despistada que no alcanza a comprender las esencias de la alta gastronomía, entre otras cosas porque no tiene dinero para pagarla. Al parecer, este público al que yo imagino relativamente joven, interesado en la cocina pero sin grandes conocimientos culinarios y con ganas de pasarlo bien sin demasiadas complicaciones, encuentra útiles mis recetas y divertidos mis artículos. Es un fenómeno inexplicable, como las caras de Bélmez o el aeropuerto de Castellón, pero existe, está ahí.


Desde que se publicó Las recetas de El Comidista, El Comidista como blog ha crecido de manera notable, a veces incluso desbordándome un poco. Ha alcanzado unas cifras de tráfico de las que estoy muy contento, porque significan que me lee mucha gente y porque garantizan -dentro de lo posible en estos días- mi continuidad en el circo de los medios. A la vez, estos números dan un poco de vértigo, porque a veces lo que escribo se magnifica, alcanza un eco insólito a través de las redes sociales y adquiere una trascendencia que en realidad no tiene.


Ha habido entradas memorables a este respecto, como las dedicadas a las boutiques del pan, al presidente de Mercadona, a la dieta Dukan o a Arguiñano como comentarista político. En todas ellas, los comentarios de los lectores han acabado superando en interés al propio post: una buena tangana colectiva es siempre más atractiva que la opinión de un solo señor, por muy formada que sea. También ha habido recetas con gresca incluida, especialmente las que aludían a especialidades nacionales o regionales. Pregunten en Perú por mis cebiches o en Andalucía por mis gazpachos, que seguro que les hablan muy bien de mí.



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Mención aparte merece la sección más exitosa con diferencia de este último año de blog: Aló, Comidista. Este consultorio que abrí inocentemente para que los lectores me enviaran sus dudas se transformó a toda velocidad en un lugar en el que la cocina se mezclaba con los asuntos más disparatados. Lo cierto es que yo induje un poco al personal a que sacara los pies del tiesto, puesto que me aburría sobremanera la idea de hacer un consultorio estrictamente culinario. Pero nunca pensé que las preguntas fueran a llegar tan lejos en su extravagancia, en su curiosidad, en su inteligencia o en su idiotez.


Este libro recopila los momentos más desternillantes del Aló, y también los más prácticos. Creo que ese equilibrio entre la utilidad y el despropósito es lo que define mi trabajo, y por eso en La cocina pop de El Comidista uno recetas y artículos tutoriales, como las antiguías o el revuelto de trastos, con historias más disparatadas, como las entrevistas a las comidas viejunas. A la vez, la presencia de la cultura pop es más intensa que en el anterior libro: recomiendo películas para cada plato (unas veces porque tienen alguna relación; otras, porque me gustan sin más), incluyo un capítulo de menús para ver series de televisión que me encantan, como Juego de Tronos o Dexter, y abro el recetario a las aportaciones de artistas  que me caen bien y que no tienen nada que ver con el ámbito gastronómico, como Elvira Lindo, Miqui Puig o mi hermano Juanma.


Espero que este gran batiburrillo os guste, y que si no cocináis, al menos paséis un rato agradable con mis bobadas. Este libro no tiene otra pretensión que la de animaros a guisar y divertiros en tiempos revueltos, que para desdichas ya están los informativos. Así que vamos a ello".


'La cocina pop de El Comidista' se presenta el 26 de noviembre en Barcelona (Casa del Llibre Rambla Catalunya) y el 28, en Madrid (Fórum Fnac Callao).