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viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Echas de menos algún plato o producto de tu infancia? La pregunta de la semana

Comida de la infancia

De nuevo nos encontramos en viernes, ya pasado el ecuador del mes, y por tanto traemos una nueva pregunta de la semana. Con el otoño en todo su esplendor y la Navidad a la vuelta de la esquina, no puedo evitar sentirme un poco nostálgica estos días. Y es que la comida, a través de aromas y sabores de platos y productos, tiene la capacidad de trasladarnos a la infancia. Seguro que todos tenemos algún recuerdo culinario que hoy en día echamos de menos, aunque sea sólo por el factor nostalgia. ¿Cuál es el tuyo?

¿Echas de menos algún plato o producto de tu infancia?

Quisiera rememorar aquellos sabores que disfrutábamos de niños, pero que ya hace tiempo que no hemos vuelto a probar. Por ejemplo, podría ser una golosina que ya no se fabrica, el dulce de una panadería que hace tiempo que tuvo que cerrar, o una receta de un familiar que nos dejó años atrás. Yo recuerdo todavía perfectamente el arroz con verduras de mi abuela materna, que siempre nos reunía a toda la familia alrededor de su mesa. Por mucho que lo intentamos mi madre y yo, nunca nos saldrá exactamente igual que a ella. ¿Qué sabores echas tú de menos? Si queréis compartir vuestros recuerdos con nosotros, os agradeceremos que respondáis en la sección de Directo al Paladar Respuestas, y no en los comentarios de esta entrada.

La pregunta de la semana pasada: ¿Cuál es tu plato preferido cuando estás enfermo?

El mal tiempo de los días pasados y el creciente número de resfriados me despertó la curiosidad por saber cuáles eran vuestros platos preferidos cuando estáis enfermos. En general, la mayoría de los que os habéis animado a participar, habéis recordado las sopas caseras, esos caldos que no sólo nos nutren sino que también nos reconfortan. La respuesta más votada ha sido la de Taurë, que nos contaba cuál es la receta de su madre que recuerda con más cariño:

Cuando estoy resfriada un buen caldo caliente! Pero la receta que recuerdo con más cariño es la que prepara mi madre cuando alguien se está recuperando de lo que algunas personas llaman “gripe estomacal”: arroz hervido con zanahorias y pechuga de pollo troceada. Mmmmmmmmm…

Permitidme continuar un poco con la nostalgia y animáos a participar en la sección de Directo al Paladar Respuestas una semana más. Haced memoria, pues estoy segura de que todos guardamos el recuerdo de algún plato o un producto que, por el motivo que sea, ya no tomamos tan a menudo. Os espero dentro de siete días con la respuesta más votada y una nueva propuesta.

Imagen | DavidDennisPhotos
En Directo al Paladar Respuestas | ¿Echas de menos algún plato o producto de tu infancia?




lunes, 5 de noviembre de 2012

Cómo el otoño se convirtió en mi época favorita gracias a la comida

Otoño

El otoño es una estación un tanto extraña. Lo concebimos más como una etapa de transición entre el verano y el invierno, pero no tiene el protagonismo de la primavera, tan apreciada por la llegada del buen tiempo. Está marcado por una cierta melancolía, pues supone el fin de las vacaciones, la vuelta a la rutina, y encima nos trae frío y menos horas de luz solar. Sin embargo, el otoño se convirtió desde hace tiempo en mi época favorita, en gran parte gracias a la comida los recuerdos que despierta de mi infancia.

Cuando eres niño es fácil odiar al otoño. Se acabaron los días de jugar a todas horas, de piscina y playa, y hay que volver al colegio. Nos obligan a ir con pesada ropa de abrigo y apenas podemos jugar en la calle por el mal tiempo. Pero cuando te conviertes en adulto te das cuenta de la cantidad de buenos recuerdos que guardas precisamente de esa estación tan infravalorada, y, al menos en mi caso, muchos están asociados a los sabores y olores de las comidas de otoño.

Pastel otoñal de manzana y frutos secos

De pequeña pasaba todo el verano en la casa de campo de mis padres, y todavía me escapo allí unos días cuando puedo. Al mismo tiempo que los días se hacían más cortos, las higueras de la familia nos regalaban sus maravillosos frutos, mientras que mi padre comenzaba a traer los primeros racimos de uvas. Nos despedíamos de melones, sandías y melocotones, pero sin darnos cuenta nuevos frutos iban llenando la despensa.

A medida que avanzaba el mes de octubre, trayendo consigo temperaturas más frías, nuevos aromas y colores iban adueñándose de la cocina, combinando las dos culturas de mi familia, la murciana y la suiza. La gran variedad de manzanas y peras nos regalaba compotas especiadas y jugosos asados, pero también dulces pasteles y strudels cargados de canela y nuez moscada. Y cómo olvidar aquel maravilloso aroma que inundaba toda la casa cuando mi madre se dedicaba con tesón a preparar decenas de botes de dulce de membrillo.

Calabazas otoñales

Qué reconfortante era llegar al hogar cuando el frío exterior te había congelado hasta los huesos, pues nos esperaban humeantes platos de sopas, caldos y guisos cocinados con mimo a fuego lento durante horas. Si ese día además había caído lluvia, sabías que te esperaba un nutritivo plato de migas, como manda la tradición en la huerta de Murcia. Puede que fuera comida de pobres, pero las migas son de esas recetas tradicionales que te llenan de nostalgia con sólo captar su aroma.

Recuerdo que gracias a la televisión ya sabíamos lo que era Halloween, pero esta fiesta anglosajona todavía no tenía tanta presencia como ahora. Cuando se acercaba el mes de noviembre lo que llenaba escaparates de pastelerías y puestos por las calles eran dulces clásicos como los buñuelos de viento y huesos de santo, pero también productos tradicionales murcianos como el dulce arrope y calabazate.

Castañas asadas

Si hay que destacar un olor característico del otoño, creo que muchos coincidieremos en señalar el de las castañas asadas. Qué placer supone hacer un alto en el camino cuando el frío aprieta por la calle, para comprar un cálido cucurucho de cartón lleno de las deliciosas castañas recién asadas. No sólo alimentan sino que además reconfortan, y parece que saben mucho mejor si se comparten con alguien especial.

Junto a las castañas no me puedo olvidar del resto de la gama de frutos secos, que aunque disponibles todo el año parece que pertenecen más a estos meses de temperaturas frías. Dátiles, ciruelas y uvas pasas, orejones de albaricoque, nueces y almendras, dan forma a muchos dulces de la época pero también enriquecen con su poder nutritivo muchos guisos y asados.

Boniatos

Otro producto otoñal cuyo aroma todavía se puede encontrar por las calles es el del boniato asado. Yo no puedo evitar acordarme de mi abuelo cuando me encuentro con boniatos en el mercado, y es que fue él quien me descubrió el dulce manjar de este extraño vegetal de color naranja. Cuando hoy en día preparo unos boniatos en el horno, su fuerte aroma llena de nostalgia mi cocina, aunque el sabor no se puede comparar a cuando los asábamos sobre la lumbre de su casa en la huerta.

Desde pequeña he sido una apasionada de la fruta, pero aunque me apenaba tener que decir adiós a melocotones y nectarinas, el disgusto duraba poco pues pronto se llenaba la casa de nuevos aromas frutales. Naranjas y mandarinas se unían a otros frutos como el caqui, la granada o las distintas variedades de uva que siempre regalaban a mi padre. Racimos que parecían poco apetitosos a la vista, pero que desataban una explosión de dulce sabor una vez en la boca. No siempre la fruta más bonita es la más sabrosa.

Mandarinas

En cualquier caso, yo siempre he tenido debilidad por los cítricos. El olor de los jugos de la primera mandarina de temporada, que te mancha los dedos al pelarla casi con ansia, siempre me despierta miles de recuerdos. Y tengo una debilidad especial, degustarlas junto a frutos secos, especialmente nueces, costumbre que me viene por la parte suiza de la familia. Y es que allí se mantiene la tradición de celebrar a principios de diciembre el día de San Nicolás, cuando el santo regala a los niños mandarinas, nueces y galletas.

Cuando se acerca el último mes del año ya está la Navidad en el ambiente, con todos sus aromas especiados y sus típicos dulces que nos asaltan en todos los comercios. A medida que avanza diciembre nos vamos despidiendo del otoño, esa estación que parece ser un mero puente entre el verano y las celebraciones navideñas. Pero para mí es la mejor época del año, aunque sea algo melancólica. Y es que la cocina otoñal está llena de aromas y sabores que cada año me trasladan de nuevo a mi infancia, regalándome buenos – y sabrosos – recuerdos.

Fotos | MarilynJane, avlxyz, procsilas, Vegan Feast,
En Directo al Paladar | Manzanas en otoño: diferentes variedades y consejos para utilizarlas en la cocina
En Directo al Paladar | Cinco casas rurales con las que disfrutar de la gastronomía este otoño




jueves, 25 de octubre de 2012

Temblad, paquetes de arroz: vuelve la venta a granel



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La tienda de Granel en el barrio de Gràcia de Barcelona. / GRANEL


La venta de alimentos secos a granel nos puede sonar a ultramarinos de la infancia, a película en blanco y negro o a señora mayor de pueblo con delantal y zapatillas de paño. ¿Quién compra los garbanzos, el arroz, la harina o el azúcar al peso? Muy pocos, desde que los productos envasados se impusieron hace décadas. Sin embargo, el sistema tenía sus ventajas: menos residuos en forma de paquetes y la posibilidad de comprar justo lo que se necesitaba. Es decir, menos derroche y más economía.



Dos emprendedores barceloneses, Judit Vidal e Iván Álvaro, intuyeron hace un año que esta manera de comprar podía volver a tener sentido, y por eso crearon Granel. En la tienda, que acaba de abrir su primera sucursal en Barcelona capital, se pueden adquirir un montón de productos al peso: arroces, legumbres, harinas, galletas, cereales para el desayuno, frutos secos, aceitunas, hierbas aromáticas o especias. La cantidad mínima que puedes meter en las bolsitas de papel reciclado o de fécula de patata es de cinco gramos, por lo que no hace falta que te compres un bote entero de cardamomo para aquel curry que haces una vez cada siglo.


Aunque la ausencia de alimentos envasados remite a tiempos remotos, la
sensación que da el local no puede estar más lejos de lo viejuno. Los
sacos de legumbres de cuando la bisabuela, que según Judit "hacían desconfiar a
mucha gente", han sido reemplazados por limpios dispensadores colgados
de las paredes y cajas transparentes incrustadas en mesas de madera
clara. El diseño de la tienda es luminoso, sencillo y agradable, e
invita a entretenerse un rato curioseando los productos o jugando a
pesarlos.



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No son chuches, es comida. / GRANEL

 


Judit, de 35 años, proviene del mundo del interiorismo aplicado a la escenografía. Iván, de 36, es arquitecto. Conscientes del mal momento que atraviesan sus disciplinas, se plantearon impulsar un negocio que promoviera valores con los que ya estaban comprometidos, como la sostenibilidad. Cuando vivió en Irlanda como estudiante, Judit conoció "una especie de tienda de chuches bastante cutre donde vendían caramelos, detergente o té a granel", que se le quedó "grabada en el algún lugar del cerebro". La pareja creyó que el procedimiento se podía aplicar a productos sanos y respetuosos con el medio ambiente, y se lanzó a crear una cadena de tiendas franquiciadas libres de envases de plástico. El primer ensayo fue la tienda de Vic, inaugurada en diciembre de 2011. Después vino Granollers, en agosto. La tienda online ya está en funcionamiento, y las siguientes plazas físicas serán Ibiza, Madrid y Lleida. 


"Elegimos lo que vendemos en función de tres criterios", explica Judit. "La proximidad, lo ecológico y la producción natural. A veces primamos la proximidad frente a lo ecológico porque al final es más sostenible al reducir el transporte". Los alimentos bio están marcados con un pequeño sello verde, pero de forma intencionada, Granel no hace ostentación alguna de lo orgánico. No quieren que se les encasille en ese terreno, ni sienten necesidad alguna de justificarse. "Los que tienen que dar explicaciones no somos nosotros, sino son los que venden comida que no es comida", asegura Judit.


Imagino que tampoco les gusta que les vean como otra tienda más de alimentos ecológicos caros. Judit afirma que su público es "muy transversal": "Desde el adolescente que va a comprarse algo para la merienda, a personas que viven solas, señoras mayores o familias. Gente que busca lo ecológico o simplemente lo económico, al poder comprar cantidades pequeñas".


Además de evitar el despilfarro, según los impulsores de Granel su método promueve una dieta rica, al permitir probar muchos alimentos diferentes en minidosis. El esfuerzo por ofrecer variedad es evidente: en los cereales, por ejemplo, no sólo hay trigo, sino también cebada, espelta, trigo sarraceno o kamut. Si todo esto te suena un poco macrobiótico, relaja encontrarse con pastas de colores, cebolla frita, arroces con verduras, risottos con setas, escalibada o sofritos para paella deshidratados, todos listos para ser cocinados con rapidez sin grandes complicaciones.


¿Logrará Granel convencernos de la validez de una fórmula semiabandonada? Existen casos de negocios similares en Estados Unidos y Canadá, y la acogida en Vic ha sido, según Judit, muy buena. Si consiguen que tiremos menos comida y menos recipientes de plástico a la basura, para mí habrá sido todo un éxito.