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miércoles, 30 de enero de 2013

Algunos restaurantes de Nueva York prohíben tomar fotos de sus platos

food

Tomar fotos de lo que se va a comer en los restaurantes se ha puesto de moda. La noticia me ha sorprendido, pues pensaba que esta manía la padecíamos unos pocos, pero por lo visto son muchos los que convierten esta afición en una obsesión llevada a extremos infinitos. Por eso, algunos restaurantes de Nueva York prohíben tomar fotos de sus platos.

La razón de tal prohibición es lo molesto que resulta para el resto de comensales tener que sufrir el flash de las cámaras disparando sin cesar para inmortalizar los alimentos. Las fotos resultantes no se guardan, sino que se comparten al momento en las redes sociales, mayoritariamente facebook, twitter o instagram.

comida

Soy de la opinión que todos los extremos son malos, aunque es cierto que las tecnologías actuales ofrecen muchas ventajas todo tiene un límite. En la Gran Manzana las reacciones no se han hecho esperar, la política respecto a las fotos varian de un restaurante a otro, en algunos prohíben directamente hacerlas y en otros limitan el uso del flash.

Me pregunto si la prohibición podría llegar a nuestros restaurantes. Es innegable que esas fotografías constituyen una publicidad gratuita para los establecimientos, pero tampoco se trata de molestar a los vecinos de mesa. Será una medida drástica, pero que algunos restaurantes de Nueva York prohíban tomar fotos de sus platos tal vez sea lo más correcto.

Fotos | ewen and donabel y SodanieChea
Vía | The New York Times
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domingo, 13 de enero de 2013

Repostería de Christophe Felder. Libro de cocina

Repostería

Hoy no os vengo a hablar de un libro, os vengo a hablar de una joya, Repostería del maestro Christophe Felde. Este chef pastelero francés, responsable en su momento del Hotel Crillon, en la actualidad imparte formación a profesionales, asesora empresas y ha creado una escuela de repostería abierta al público, pero esto no impide que aunque detallista y exigente, en este libro que os traigo hoy explique las cosas de forma tan coloquial y amena, que a cualquiera pueda parecerle sencillo preparar sus recetas y seguir sus consejos.

Quizá os habréis fijado que la portada del libro que os presento en las fotografías no está en castellano, la razón es que yo ya disponía de la primera edición francesa que tiene aproximadamente dos años y que había comprado en un viaje a París en el año 2010. Lo cierto es que este libro me enamoró a primera vista y me vine cargando con este maravilloso “ladrillo” que hizo que tuviera exceso de equipaje al facturar.

Es por ello cuando el otro día lo vi en su flamante edición en castellano en casi todas las librerías, no me puede resistir a presentároslo y es que a pesar de que en otras ocasiones os hablamos de libros en otros idiomas, este en concreto aún siendo muy esquemático, tiene un francés coloquial difícil de entender para aquel que no sepa el idioma y cuesta un poco hacerse con él. Por suerte ahora las recetas de Christophe Felder ya no tendrán dificultad para nosotros.

Con 800 páginas, 210 recetas y más de 3200 fotos en papel de altísima calidad casi no necesita más presentación. Os podréis imaginar lo completo y didáctico que puede ser pues cada receta se acompaña de un paso a paso fotografiado así como de una foto preciosa del acabado final del postre. Vamos para perderse y no saber por cuál empezar.

repostería

La obra se divide en diez grandes capítulos en donde el chef repostero va tratando desde temas de la pastelería más clásica, hasta ideas innovadoras para decorar nuestros pasteles. Comienza por la base de este arte, las masas. Nos enseña masas tradicionales como el brioche, sable, para buñuelos, eclairs y hojaldres de todo tipo. Después de la explicación de cada tipo de masa nos pone una receta de una tarta en donde se emplearía, algo que está muy bien, pues después de practicar un tipo de masa, sabemos rápidamente que podemos hacer con ella.

El siguiente capítulo sería de cremas, con cuajados, panacottas y las clásicas verrines tan francesas. Pasamos las páginas y nos encontramos con la decoración en pastelería, extenso capítulo donde el maestro nos enseña como finalizar nuestros pasteles para que aparte de ricos sean muy vistosos.

Repostería

Después una sección de pasteles clásicos sobre todo franceses, el opera, fraisier, Saint Honoré y demás, que conoceréis si os habéis parado en cualquier pastelería de París. Como buen francés nos presenta un capítulo acerca de la fabricación de los macarons, esos pastelitos tan de moda en la actualidad y que con él no tendrán ya más secretos.

Cómo no podía faltar en un libro de postres, un capítulo especial para el chocolate en donde nos enseña sus técnicas imprescindibles para trabajarlo con precisión. Así como un apartado destinado a dulces navideños y de Adviento, stollen, vino especiado caliente y demás, todas recetas ideales para esas fiestas.

Finaliza con un capítulo destinado a pequeños bocaditos como pasteles tipo esférico, tartaletas, galletitas glaseadas, etcétera. Al final de la obra un extenso índice con las recetas clasificadas de varias maneras para no perdernos ninguna, las encontramos por orden alfabético, por dificultad, por grupo al que pertenecen y por ingrediente principal.

Repostería

Bueno, se nota que este libro me ha conquistado ¿verdad? Por una vez me alegro de mi exceso de equipaje, pues en estos dos años ya me ha dado muchas alegrías a nivel culinario. Es por eso que os lo recomiendo encarecidamente y a pesar de que su precio es casi el doble del que pueda costar un libro de cocina habitual en estas épocas, si os gusta la pastelería y todas sus técnicas no os vais a arrepentir de comprarlo, su calidad editorial y de contenido, bien vale ese dinero.

Repostería

Christophe Felder
Editorial Everest
ISBN 9788444121413
Precio 39,95 euros

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martes, 27 de noviembre de 2012

Bolitas rellenas de sobrasada



Albondigas sobrasada
La bola sorpresa. / AINHOA GOMÀ

 


Más adictivas que la heroína, las patatas fritas, los culebrones o las portadas de La Razón: así son las bolitas de carne rellenas de sobrasada. ¿Que porqué les llamo bolitas cuando parecen albóndigas? Pues por dos motivos. Primero, porque cuando uno oye "albóndigas" se imagina inmediatamente algo con salsa, y éstas no la llevan. Y segundo, porque así es como las llamábamos en casa de mis padres, no me pregunten ustedes por qué.



La idea del relleno de sobrasada no es familiar. Con su mentalidad de vasca un tanto cerrada a novedades extrañas, mi madre siempre desdeñó este maravilloso embutido mallorquín, que según ella era "pura grasa". El concepto está tomado de una fantástica receta que vi hace unas semanas en el blog Mercado Calabajío. Carlos Dube preparaba allí las albóndigas sorpresa con una salsa de chiles, pero después de probar el invento con la fórmula clásica de las bolitas del hogar de los López Iturriaga, me pareció que con freírlas bastaba. Eran una absoluta delicia: tiernas, melosas, con la intensidad de la sobrasada perfectamente equilibrada por la carne.


Las bolitas se pueden servir como aperitivo haciéndolas pequeñas, pero a mí me gusta más el formato grande como segundo plato, acompañadas de una buena ensalada. Y si las quieres servir en salsa, supongo que también estarán buenísimas.


Dificultad


Para expertos en jugar con plastilina.


Ingredientes


Para 4 personas



  • 500 g de carne picada (3/4 de ternera, 1/4 de cerdo)

  • 100 g de sobrasada de Mallorca de buena calidad

  • 1 cebolla

  • 2 rebanadas grandes de pan de hogaza de buena calidad

  • 1 cucharada de perejil picado

  • Leche

  • Aceite de oliva

  • Sal y pimienta negra

  • Menta para decorar (opcional)


Preparación


1. Picar y rehogar la cebolla en una sartén con un chorrito de aceite a fuego medio, hasta que esté dorada.


2. Poner las rebanadas de pan sin la corteza en un plato hondo o bol y empaparlas bien en leche hasta que se ablanden del todo. Cuanto más absorban, mejor.


3. Mezclar la carne picada con la cebolla y su aceite, la miga de pan empapada en leche, el perejil, sal y pimienta. Trabajar un par de minutos removiendo con una cuchara de madera, tapar y dejar reposar al menos una hora en la nevera.


4. Preparar un plato hondo con harina. Ir formando las bolas de carne con las manos -la masa de carne debe estar pegajosa, pero no pasa nada: más tiernas estarán las bolitas después-, pasarlas por la harina, volver a moldear y dejar sobre un plato o bandeja.


5. Formar bolitas pequeñas de sobrasada con la mano e ir dejándolas sobre las bolas de carne presionando para que se metan en la masa. Cerrar con los dedos para que la sobrasada quede en el interior y volver a darle la forma de bola.


6. Calentar aceite abundante en una sartén o freidora. Freír las bolitas a fuego medio-alto, dejándolas el suficiente tiempo para que la carne se haga, pero sin que se quemen (dos o tres minutos suelen bastar, pero depende del tamaño). Servir con un poco de menta picada por encima acompañadas de ensalada, salsa de tomate casera o yogur. Si se quiere preparar con antelación, se pueden freír menos tiempo, reservarlas y terminarlas en el horno a 200 unos 5-10 minutos.