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lunes, 18 de febrero de 2013

De alimentos a consoladores



Dildomaker en accion
La máquina con la que siempre habías soñado. / FRANCESCO MORACKINI

 


No, no es un tema para todos los públicos. Pero algún día había que tratarlo. Así que si eres menor, estrecho o puritano es mejor que dejes de leer (aquí es donde imagino a todos los menores, estrechos y puritanos zambulléndose en la lectura con ese morbo que les caracteriza).



Desde que cultivó el primer pepino allá por el Neolítico, el ser humano ha llevado a cabo ciertas prácticas con éste y otros productos que poco tienen que ver con la nutrición. Calabacines, zanahorias o plátanos con forma fálica han sido utilizados toda la vida como juguetes sexuales por hombres y mujeres sedientos de placer. El problema viene cuando la forma de dichas frutas y verduras no es exactamente la que mejor se adapta a nuestra anatomía. O cuando no tenemos más que un trozo de queso en la nevera. Y es ahí donde la moderna tecnología debe venir en nuestro rescate.


El diseñador afincado en Viena Francesco Morackini acaba de idear un artefacto capaz de transformar cualquier alimento en un maravilloso consolador. De hecho, puede transformar también velas o trozos de madera, pero como éste es un blog de comida (ejem), nos centraremos en los usos vegetales y animales. Inspirado en un legendario diseño de los años treinta de Raymond Loewy, el Dildomaker funciona como una especie de sacapuntas capaz de tornear verduras, patatas o embutidos para otorgarles la mágica forma del pene. Para los materiales blandos, como las salchichas, Morackini recomienda una congelación previa del producto para obtener resultados óptimos.
Dildomaker

Dildomaker salchicha

Dildomaker zanahoria


Enmarcarlos no es obligatorio. / FRANCESCO MORACKINI

 


Como suelen hacer muchos diseñadores, el inventor ha tratado de darle una coartada intelectual al artefacto. "Jugando con el cliché de 'el sexo vende', la intención del Dildomaker es darle a los usuarios lo que realmente quieren: 'placer', y más concretamente, 'placer sexual", escribe en su web. "El Dildomaker es sólo una herramienta que no da placer directamente. La distancia creada aquí a propósito trata de plantear preguntas sobre nuestra relación con los productos manufacturados". Pues vale.


Antes de que los más viciosos saquéis la tarjeta de crédito y corráis a
buscar dónde se vende, os decepcionaré anunciando que por ahora el
Dildomaker es sólo un prototipo. Todavía falta que algún fabricante se anime a producirlo. En cualquier caso, creo que es una gran idea, y que en estos tiempos de crisis económica podría ser un exitazo. Siempre se ha dicho que los vegetales eran los consoladores del pobre, y un artilugio como éste nos podría ayudar a elaborar réplicas caseras baratas de los lujosos dildos que se venden en tiendas y tuppersexes. Y más ecológicos, siempre que usemos verdura local y de temporada. 



Dildomaker objetos
Objetos con los que podrías utilizar el Dildomaker. / FRANCESCO MORACKINI

 


El Dildomaker también podría prevenir algunas lesiones que se producen con la inserción en el cuerpo de vegetales de tamaño o forma incorrectas. Reíos, pero según me contaba hace algún tiempo una enfermera, los hospitales atienden con relativa frecuencia a personas con toda clase de alimentos introducidos en sus rectos y vaginas. Y es que antes de darse gustito con un calabacín o una morcillaca, es conveniente seguir las recomendaciones de los expertos, que resumo como colofón de este apasionante artículo: no elijas ejemplares ni demasiado grandes (si no eres una experimentada actriz porno, puedes hacerte daño) ni demasiado pequeños (un descuido y se irán para no para adentro), y recúbrelos siempre con un preservativo lubricado, porque las verduras pueden tener bacterias o pesticidas que acaben montándote un sindiós en las mucosas. Ah, y antes de tener sexo con tu producto favorito, vigila que no te puedan pillar tus padres, tus hijos o tu pareja.


 


 

sábado, 2 de febrero de 2013

Fascinantes fotografías que recrean extraños mundos ocultos con alimentos

Fotografías de Nadege Meriau

Al contemplar estas imágenes es fácil pensar en mundos propios de la ciencia ficción, imaginarios pasajes subterráneos o lejanos planetas perdidos en el espacio. Se trata en realidad de fotografías creadas con alimentos que recrean extraños mundos ocultos, con un resultado fascinante.

Con este proyecto, además de la extraña belleza que consigue plasmar, Nadège Mériau pretende indagar en las relaciones del ser humano con los alimentos y los sentimientos de pertenencia a un entorno concreto, los instintos primarios ligados al concepto de hogar. Para ello experimenta con los juegos de formas que ofrecen productos como la patata o el pan.

Fotografías de Nadege Meriau

La fotógrafa francesa juega con dos conceptos tradicionales de la historia del arte, lo visceral y lo sublime, indagando en el subconsciente humano y sus instintos de aislamiento. De este modo, consigue recrear intrincadas madrigueras y cavernas porosas, consiguiendo un efecto de cierta ensoñación fantástica. Para ello, la autora se ha inspirado en lo que se podría denominar la arquitectura de lo digestivo, como los espacios creados por gusanos al abrirse camino devorando diferentes alimentos.

Fotografías de Nadege Meriau

Mériau afirma entender la ecología en el sentido estricto de la palabra, como un estudio del hábitat natural de los seres vivos. Con la manipulación de alimentos y productos básicos logra crear una especie de metáfora del origen de la vida. Con sus fascinantes fotografías pretende conectarnos con nuestras raíces naturales, y así hacernos reflexionar sobre nuestro instinto de supervivencia.

Más información | Nadège Mériau
En Directo al Paladar | Sorprendentes fotografías de comida
En Directo al Paladar | Garden Fresh, animales salvajes en el supermercado




martes, 4 de diciembre de 2012

Crema de castañas con setas



Crema castañas setas
Un buen comienzo para una comida de Navidad. / AINHOA GOMÀ

 


Si tuviera que clasificar el plato de hoy, lo denominaría "comida confortable". Sé que es una mala traducción del comfort food inglés, pero creo que define muy bien la agradable sensación casera, cómoda y cálida que transmite esta contundente crema.



Esta sopa te produciría un jamacuco hipercalórico en cualquier otra época del año, pero para cuando llega el frío es simplemente perfecta. Tras haberla tomado un par de veces, puedo afimar sin temor a exagerar que devolvería la vida a un hombre prehistórico de esos que de cuando en cuando se encuentran momificados en la nieve.


No me quiero poner poético, pero de la unión de las castañas, el puerro y las setas nace un sabor que yo utilizaría para explicar lo que es el otoño a un extraterrestre o a un ser humano que sólo haya vivido en zonas tropicales. El toque final se lo da el regustillo ligeramente malteado de la leche evaporada, que para mí funciona bastante mejor que la nata (y es menos engordante, algo muy apropiado en un plato que ya de por sí va fuertecito de hidratos de carbono).


Si no sabes qué demonios es la leche evaporada, no entres en pánico, porque se vende en muchísimos supermercados de España junto a la condensada. En cuanto a las setas deshidratadas, yo usé las de una tienda clásica de Barcelona, Bolets Petràs, pero cada vez son más fáciles de encontrar en toda clase de establecimientos.


Dificultad


Para australopithecus.


Ingredientes



  • 600 g de castañas

  • 50 gramos de boletus deshidratados (en su defecto, cualquier otra seta al gusto)

  • 1 patata pequeña

  • 1 puerro grande

  • 1 litro de caldo de pollo

  • 100 ml de moscatel o vino dulce

  • 100 ml de leche evaporada (tipo Ideal)

  • Aceite de oliva

  • Sal y pimienta negra


Preparación


1. Precalentar el horno a 200º.


2. Poner a remojo las setas en un bol con agua para que se rehidraten.


3. Hacer un corte lateral a las castañas con un cuchillo de sierra para que luego se puedan pelar fácilmente.


4. Poner las castañas sobre una bandeja de horno y asarlas unos 15 minutos.


5. Picar el puerro y ponerlo a rehogar a fuego suave en una cazuela grande con un chorro de aceite unos 15 minutos, removiendo de vez en cuando.


6. Sacar las castañas y en cuanto se puedan coger, frotarlas aún calientes con las dos manos para desprenderles la piel y quitársela con cuidado.


7. Pelar y cortar en cuatro trozos la patata.


8. Incorporar las castañas y la patata al puerro, salpimentar y rehogar un par de minutos. Remojarlas con el vino, y dejar que este reduzca 2 o 3 minutos hasta que deje de oler a alcohol.


9. Mojar con un litro de caldo y reservar el resto. Llevar a ebullición y cocer unos 20 minutos.


10. Triturar la sopa y añadir unos 100 ml del líquido de las setas. Sumar la leche evaporada, mezclar y reservar. Si queda muy espesa, se puede aligerar con más caldo o más líquido de las setas (pero sin pasarse con este último para que no domine demasiado el sabor). Hasta aquí se puede hacer con antelación.


11. Cuando se vaya a tomar la crema, escurrir bien las setas, secarlas un poco con un paño o papel de cocina y saltearlas con un chorrito de aceite en una sartén. Salpimentarlas y servirlas como guarnición de la crema caliente.