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domingo, 24 de febrero de 2013

El huevo modificado genéticamente

Huevo modificado genéticamente - 1

Tener los huevos cuadrados ahora es posible gracias a la ciencia, al menos los de las gallinas. Con el huevo modificado genéticamente ya no tendremos que utilizar un posa huevos para que no ruede por la mesa o el plato. Mucho más fácil de comer, desde luego, aunque pobre de la gallina como salga con la orientación equivocada.

Obviamente, no se trata de un huevo real, sino de un concepto del artista Dominic Wilcox para la exposición “Progetto Cibo, La forma del gusto” del MArT —Museo de arte moderno y contemporáneo de Trento y Rovereto— que se puede visitar en la ciudad italiana hasta junio de este mismo año.

Con el susodicho huevo, y otras ilustraciones, Wilcox quiere reflexionar sobre las posibilidades y temores que despierta la modificación genética de los alimentos. Irónicamente, propone peces con argollas para ser pescados más fácilmente, o guisantes cuadrados para que tampoco rueden por el plato.

Huevo modificado genéticamente - 2

Sobre los alimentos modificados genéticamente

Mi postura frente a las modificaciones genéticas es bastante tajante. No me gustan nada. No me trago los argumentos de que se trata de variedades mejoradas y que con ellas se paliará el hambre en el mundo, sobre todo porque son semillas de un solo uso en manos de multinacionales, las mismas que distribuyen los pesticidas a los que son más resistentes. Un negocio redondo.

Luego está el problema de lo invasivas que son estas variedades, contaminando plantaciones cercanas —aunque hay quien se empeña en negar la mayor— por lo que el cultivo de una de ellas condiciona los de los alrededores, lo que nos lleva al asunto de la biodiversidad, reduciendo todo nuestro abanico de variedades a unas pocas adaptadas para soportar pesticidas cada vez más agresivos.

Es cierto que desde la revolución agrícola se vienen realizando injertos y cruces de todo tipo, que son los que han dado lugar a muchas de las variedades que hoy en día disfrutamos en casa, y que nadie nunca ha levantado la voz por ello —o a lo mejor sí, pero no tanto—.

Huevos blancos 2

No es menos cierto tampoco que a veces somos nosotros los consumidores los que nos cargamos la biodiversidad. Retiramos del mercado las huevos blancos por preferir los morenos, y que levante la mano el que no comprara fresones por ser más grandes, más rojos y más tersos, y ahora a ver quien es el guapo que encuentra fresas de verdad.

A pesar de ello, creo que la modificación genética traspasa una línea que no deberíamos haber cruzado, o al menos no de la manera que se ha hecho, en manos de empresas cuyos deseos distan mucho de eliminar el problema del hambre en el mundo, sino que lo que quieren es ganar más y más dinero. No es que sean perversas per se, simplemente son empresas, y buscan el máximo beneficio.

Huevo modificado genéticamente - 3

Soy un hombre de ciencia, y considero imprescindible apoyar los avances de ésta, no anclarnos en el pasado por miedo al cambio, porque así no evolucionamos, pero no me gusta nada que la ciencia se someta al poderoso caballero don dinero, porque entonces podemos echarnos a temblar, y más si se trata de lo que damos de comer a nuestros hijos.

Por mi parte, me preocupo mucho de que cuando compro soja o maíz, en la etiqueta especifique claramente que no proviene de alimentos modificados genéticamente, pero no puedo controlar si la gallina de mi huevo o la ternera de mi filete lo ha comido.

Imágenes | Dominic Wilcox y woodleywonderworks
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martes, 29 de enero de 2013

¿Qué fue de los huevos blancos?

huevos blancos 1

Seguro que muchos os habréis fijado que hace tiempo que ya no hay más que huevos marrones en las tiendas y supermercados. El otro día fui a buscarlos para una receta y caí en la cuenta de que no es que haya más de unos que de otros, es que han desaparecido completamente. Así que no me queda más remedio que lanzar la pregunta al aire: ¿qué fue de los huevos blancos?

Lo primero que he pensado es que los huevos morenos eran mejores que los blancos, más nutritivos, más resistentes y esas cosas, y aunque en algún sitio he leído que las cáscaras de los blancos eran más frágiles, en principio lo único que diferencia a ambos huevos es su color, así que debía buscar otra explicación.

Indagando en internet y preguntando a familiares y amigos he llegado a la conclusión de que fue una decisión comercial motivada por los hábitos del consumidor: los morenos se vendían mucho mejor que los blancos. Aclarado ya que la biodiversidad murió en pos del beneficio empresarial, aún nos queda saber por qué la gente prefería los huevos pardos a los impolutos blancos.

huevos blancos 3

Como he dicho antes, los dos huevos son iguales; su color solo depende de la estirpe de la gallina, si éstas es blanca, el huevo es blanco, si es marrón, moreno. Sin embargo, sí existe una diferencia notable entre ambos tipos de gallinas: las blancas son más pequeñas y no comen tanto, por lo que cabían más en el mismo gallinero y encima gastaban menos pienso, aunque ponían huevos más pequeños.

Este detalle, unido al hecho de que con el blanco se quería trasmitir una imagen de limpieza e higiene, hizo que durante mucho tiempo la mayoría de huevos comerciales fueran blancos, mientras que los pardos eran un rara avis que disfrutábamos cuando nuestro tío el del pueblo bajaba a la ciudad con un cesto lleno de ellos. Así, en el imaginario popular se estableció la asociación del huevo pardo con lo rico y natural, por lo que a hora de escoger uno u otro en el puesto sería más fácil que escogiéramos el moreno, aunque ambos provinieran de una granja masificada.

Huevos blancos 2 También hay tipos de gallinas que ponen huevos turquesa

No tardarían mucho los comerciantes, distribuidores y productores en darse cuenta de este hecho diferencial, y empezaron a primar unos sobre otros e incluso publicitar los morenos como “naturales”, hasta el punto de que hoy en día lo raro es encontrarse un huevo blanco, por mucho que en nuestra mente los huevos sigan siendo blancos.

Llegados a este punto no queda más que afirmar que fuimos nosotros mismos los que hicimos desaparecer a los huevos blancos. No es que sea nada grave, más bien al contrario, porque refleja el poder que tenemos los consumidores para cambiar las cosas.

Maquina huevos

Por ejemplo, hemos denunciado varias veces las malas condiciones en las que viven las gallinas enjauladas y también os hemos explicado cómo identificar un huevo gracias a su DNI, que nos informa de cómo vivía y comía la gallina que lo puso, si era feliz comiendo al aire libre o si al menos podía pisar el suelo y comer cereales.

No me cabe duda de que si de repente todos compráramos huevos camperos o ecológicos y los de gallinas ponedores en jaulas se quedaran en las estanterías, ya se encargaría el supermercado de tener solo de los que se venden, y por ende el productor de sólo criar y alimentar a sus gallinas en las condiciones adecuadas.

Imágenes | Nomadic Lass, woodleywonderworks y archer 10
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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Consomé navideño. Receta

consomé navideño

La receta del consomé navideño es un receta plato habitual en la mayoría de los hogares. El nombre consomé viene del francés y significa consumido, siendo una técnica consistente en hacer un caldo como cuando queremos hacer una sopa y después reducirlo para que quede muy concentrado y lleno de sabor.

El caldo de Navidad es un caldo de carne realizado habitualmente con verduras, huesos de jamón y de rodilla de vacuno, y carne tanto de ternera como de ave. El resultado se puede utilizar para hacer las clásicas sopas de galets de Cataluña y otras variaciones de sopas de Navidad, o para reducir haciendo el consomé navideño que os voy a enseñar.

Ingredientes para 8 – 10 personas

  • Carnes y huesos: 500 gr de morcillo, un hueso de jamón ibérico, 1 hueso de rodilla, 1 hueso de espinazo de cerdo, 1/2 gallina, 1 trozo de falda de ternera
  • Verduras: 2 zanahorias, un puerro, una patata, 1 nabo, 1/2 repollo, 1 cebolla y opcionalmente un puñado de verduras deshidratadas
  • Para servir: Huevo cocido, jamón ibérico picado, pechuga de pollo cocida o croûtons de pan

Cómo hacer un consomé navideño

El proceso comienza preparando un caldo, poniendo a cocer los huesos de jamón y vacuno, la ternera, la gallina y las verduras en 3 litros de agua fría. Al principio, para ayudar a alcanzar temperatura, podemos hacerlo con la tapadera de la cacerola puesta pero en cuanto empiece a hervir, bajaremos el fuego y quitaremos la tapa a la cacerola.

Es importante cocer el caldo a fuego muy lento, apenas en el límite de cocción para que hierva sin hacer muchos borbotones. De esta manera el caldo no quedará turbio sino transparente. Al principio, los huesos y las carnes soltarán sus espumas e impurezas que iremos retirando con un cazo.

El tiempo total de cocción es similar al del cocido u otros caldos de carne, en torno a las dos horas haciéndolo muy despacio. No os recomiendo hacerlo en este caso en la olla express pues queda mucho más turbio y después tendréis que clarificarlo.

proceso consomé

Cuando está terminado el caldo, y toda la carne haya dejado su sabor en el agua, retiramos los ingredientes sólidos y colamos el caldo con una estameña o un colador muy fino para que no pase ninguna impureza. A continuación lo desengrasamos dejando que se enfríe para retirar la capa de grasa que se solidificará en la superficie.

Después reducimos el caldo en un cazo, para que se consuma hasta que se quede en la mitad de su volumen, estando ya listo para degustar. Ahí es cuando lo probamos y rectificamos de sal, ya que si la echásemos al principio, al reducir el consomé quedaría salado.

Tiempo de elaboración | 3 horas
Dificultad | Media

Degustación

Esta receta de consomé navideño se suele servir en taza con dos asas, acompañada de jamón picado o croûtons de pan frito que se sirven a gusto de cada comensal. También es tradicional aromatizarla con un chorro de vino de Jerez o añadir una yema de huevo cruda.

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